Fotografía: Eduardo Fierro.
Guadalajara, Jalisco.

Desde hace cuatro años Oscar Segundo, originario de Ciudad de México, comenzó con el proyecto “Xokol” un espacio donde ofrece productos a base de maíz criollo con la finalidad de recuperar e incentivar a que los productores no dejen de sembrar.

Su familia produce el maíz para su proyecto, pero también ha logrado involucrar a más de 20 productores de la región mazahua que siembran maíz originario de la comunidad, maíz cacahuazintle, y maíz palomero.

“Más que rescatar una semilla, es incentivar al campesino a que no deje de sembrar esa semilla y tratar de inculcar a las nuevas generaciones”.

A pesar de que su proyecto se encuentra en Guadalajara, el maíz lo obtiene de la región mazahua, debido a que en Jalisco no hay campesinos que siembran maíz nativo, y si lo hacen es para su propio consumo y en zonas muy alejadas, como en el municipio de Tuxpan.

“Es un reto porque ya hay muy pocos productores de maíz, hace algunos años la zona maicera se le dominaba a la parte de Zapopan, que ahorita ya no queda nada más que casas de infonavit”.

Para Oscar regular la producción y la venta de la masa y tortilla, que es lo que se pide a través de la consulta pública (vigente hasta el 16 de abril), es crear una cultura de consumo y recuperar las tradiciones de la semilla.

“Cuando se deja de sembrar una semilla de una familia, se pierde toda una tradición de muchos años, a pesar de estar en el mismo territorio cada una se siembra en diferente tipo de suelo”.

Actualmente la mayoría de las tortillerías y negocios trabajan con intermediarios que compran a bajo precio la semilla del maíz y lo re venden a costos más altos, y quien pierde es el campesino, comentó Oscar.

Jalisco es reconocido ser el gigante agroalimentario, pero de producción transgénica.

María Ramírez Blanco

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