Fotografía: Cortesía
Guadalajara, Jalisco.

“A mí me tocó dentro de un camión, me tocaron dos explosiones, yo iba en el camión. Lo que yo recuerdo es que alcancé a subir al camión, me sujeto en el último asiento junto a la puerta de atrás para bajar y cuando, me pregunta mucha gente si oí el trueno. Yo no escuché ningún ruido. Yo sentí un golpe muy fuerte en la parte de abajo del camión y de ahí perdí el conocimiento. Ya cuando vuelvo en sí, el camión estaba ya vacío. Habíamos alrededor de unas 6, 7 personas arriba del camión, pero era porque no nos podíamos mover y tú veías charcos de sangre pedazos de carne, gente gritando pero nadie te decía que había pasado”.

A sus 19 años, a Sonia Solorzano le tocó vivir las explosiones del 22 de abril de 1992 en Guadalajara. Cinco minutos antes de las 10 de la mañana de un miércoles de Pascua, esperaba la ruta 333 para trasladarse a su trabajo, un bufete de abogados. Eran vacaciones, le tocó cubrir la guardia y cuando había avanzado el autobús apenas un metro, sobre las calles Río Lagos y Río San Juan de Dios en la colonia Atlas, ocurrió la explosión.

“El camión vuela, cae de techo, al tocar el piso vuelve a volar. Otra explosión y caemos sobre las dos llantas del lado del chofer y la puerta para subir tú la veías en la parte alta. Quedamos sobre dos llantas a un costado. Si me preguntas que vi, mucho dolor, olía a muerte”.

Estuvieron una hora esperando que los rescataran, sobre Sonia había cuatro personas muertas y creyeron que ella también. No fue así. Su traslado fue primero a la Cruz Verde de Medrano, y luego la derivaron a la clínica 14 del IMSS en una carroza fúnebre porque no había más.

“Y ahí era un mundo de emociones porque desde que llegabas los mismos médicos y enfermeras te decían te vamos a cubrir la cara para que no te lastimen. Escuches y veas lo que veas, tú tranquila, no pasa nada”.

Sufrió conmoción cerebral, daño en cervical y columna, fractura expuesta en su pierna con el hueso por fuera 20 centímetros y se desangraba. La metieron a cirugía y a las 3 de la tarde cuando salió se dio cuenta de la tragedia en Guadalajara.

“Tienen un radio prendido y empiezo a oír que había explotado Guadalajara, que no había quedado nada. Pues yo la verdad entendí que estaba sola, que no tenía familiares”. Me dijeron que tranquila, que qué pasaba, les platiqué que iba en el camión y me dice una enfermera dame un teléfono para localizar a un familiar”.

Su familia la encontró hasta las 9 de la noche. Se habían salvado, pues las explosiones ocurrieron a tres cuadras de su casa. Sonia estuvo un año en vida vegetal. Nunca pudo acceder a apoyos y desde ahí, aseguró que comenzó el peregrinar institucional para que las autoridades repararan los daños.

Primero fueron apoyos por parte de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), luego se creó el fideicomiso con 71 beneficiarios como máximo, mientras había justicia y verdad. Hoy con 57 lesionados aún vivos, está descapitalizado y no han tenido acceso a esos derechos. Solo reciben una pensión y atención a medias. Para Sonia esta es la peor administración a la que se han enfrentado.

“No sé por qué ha sido tanta evasiva de este gobierno, por qué tanta insistencia públicamente de decir estoy con los lesionados gobierno, estamos viendo por el tema del 22 de abril cuando en el práctica es totalmente lo opuesto, no hay la atención que merecemos”.

A tres años de una atención de salud incompleta, solo con consulta general, sin medicamentos ni estudios, una incertidumbre económica porque el fideicomiso se agota, sigue la esperada justicia.

“Yo pregunto por qué nosotros no merecemos justicia. Sí nos duele, la insensibilidad que existe hoy en día en el tema 22. Como víctimas, en lo personal te digo que sí es algo que duele porque mucha gente no entiende lo que pedimos como justicia. El daño lo traemos, el daño no fue a mi casa, a mi carro, el daño fue en mi cuerpo, entonces el hecho de que no llegue la justicia tan anhelada, seguimos con la esperanza. Cuando nos va a llegar, sabrá Dios”.

Mientras tanto ¿qué los mantiene en la lucha? Ellos mismos han formado una familia a partir de sus historias en común.

“Sí hay mucha insensibilidad de este gobierno, yo siento que es el único día que realmente nos voltean a ver, pero perdón que lo diga, pero es para la foto. Se llega el 23 de abril y es tema enterrado / Si tú me preguntas, nosotros no nos vemos como víctimas, somos una familia después del 22 de abril, con sus diferencias como en todo, pero al final somos una familia. Nos vemos como primos, hermanos, hijos, sobrinos, entonces esa unión es lo que nos ha mantenido en la lucha durante 30 años”.

Fatima Aguilar

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