agencia metropolitana de residuos 
Fotografía: Violeta Meléndez / Archivo
Guadalajara, Jalisco.

El vertedero de Los Laureles, que nació en el año de 1999 en los límites de Tonalá y El Salto, como una solución para recibir, por 10 años, los desperdicios de la Zona Metropolitana, extendió su vida forzosamente por 12 años más, convirtiéndose en un verdadero “Frankenstein”.

Hoy, en el cierre de Los Laureles, que el jueves próximo recibirá las últimas toneladas de desechos, se advierte que el daño que provocó es mucho mayor de lo que se ha dicho, y por supuesto, el costo para remediarlo será más de lo planeado.

Todavía hace unas semanas, Canal 44 documentó, mediante un dron, un verdadero río de lixiviados en la zona.

Los capítulos de contaminación vivieron siempre en Los Laureles

En 2008, habitantes y ejidatarios denunciaron no sólo un río, sino una verdadera laguna de lixiviados generada por el mal manejo de desechos. Ellos intentaron bloquear la zona, los pepenadores se resistieron y fue necesaria la presencia de antimotines para evitar un enfrentamiento… pero también para evitar el bloqueo.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) determinó irregularidades, pero a su vez, permitió que Los Laureles siguiera funcionando.

Un estudio que entonces se sacaron bajo la manga las autoridades estatales, amplió la vida del sitio hasta 2011, pero a la vez les dio oportunidad de acondicionarlo como pudieron y, en 2012, consiguieron el aval para darle 10 años más de vida.

En 2015 la estrategia de ampliarlo a 23 hectáreas falló, puesto que ponía en riesgo una comunidad, y en 2016 se construyeron dos celdas más sin permiso de las autoridades, lo que le valió una nueva clausura y una multa por un millón 400 mil pesos.

Justo es en ese año, el Ayuntamiento de Guadalajara, entonces a cargo de Enrique Alfaro, le otorgó a la empresa Caabsa Eagle, encargada del vertedero, una ampliación de la concesión a 15 años más.

En 2019, Los Laureles registró tres incendios en los meses de marzo, abril y mayo; el más fuerte, el de abril, duró ocho días y afectó 8.2 hectáreas. Para combatirlo, las autoridades calcularon que se gastaron 7.5 millones de pesos, los cuales debió pagar la empresa Caabsa Eagle.

Este viernes, este verdadero “Frankenstein” será desconectado del sistema de recolección de basura, su vida desde hace años, ya no tan útil, al fin habrá terminado.

Víctor Chávez Ogazón

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