Sordos violados por sacerdotes poden audiencia con el papa
Fotografía Ronaldo Shemidt / AFP
Ginebra, Suiza.

Tres sordos que fueron víctimas de abusos sexuales durante su infancia en institutos católicos en Argentina, la tierra natal del papa Francisco, pidieron audiencia al pontífice para pedirle que cumpla sus promesas frente al fenómeno que azota a la iglesia.

La víspera de su viaje a Roma y el Vaticano las víctimas, que sienten que fueron “torturadas”, denunciaron a sus agresores en Ginebra ante el Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas y ante el Comité de los Derechos del Niño.

“En el mundo, hay muchos países donde estas cosas continúan sucediendo y aún reina el silencio”, lamentó Daniel Sgardelis, de 45 años, con el lenguaje de señas durante su visita a Ginebra a principios de esta semana.

Sgardelis es una de las víctimas de Nicola Corradi, uno de los dos sacerdotes condenados en noviembre en Argentina por violar a niños sordos.

Los sacerdotes fueron condenados en noviembre por la justicia argentina a más de 40 años de prisión por abuso sexual y violación de niños sordos en un internado en Mendoza.

Corradi, un párroco italiano que se trasladó en Argentina en 1970, fue condenado a 42 años de prisión, mientras el argentino Horacio Corbacho a 45 años.

Otros quince acusados están por ser juzgados por el mismo delito. El Instituto Provolo de Mendoza, al oeste de Argentina, fue cerrado en 2016, cuando estalló el escándalo.

Las víctimas fueron violadas, según los casos, cuando tenían entre 4 y 17 años.

Nicola Corradi, actualmente de 83 años, provenía del Instituto Provolo de Verona, al noroeste de Italia, también sacudido en los últimos años por un escándalo similar de pedofilia.

Según la organización no gubernamental ECA (“Alto a los abusos del clero”), el padre Corradi había sido denunciado ante el Vaticano por víctimas sordas y mudas italianas del instituto de Verona antes de su traslado a la Argentina.

El caso en Argentina es uno de los muchos que sacuden a la iglesia en todo el mundo.

Durante décadas, la iglesia ha encubierto ese tipo de abusos transfiriendo a los sacerdotes abusadores a otros países, una práctica que el papa Francisco prometió acabar.

– Ni una víctima más –

“Quiero decirle al papa que tenemos la fuerza para seguir luchando por la justicia”, aseguró otra víctima sorda, Ezequiel Villalonga, de 19 años.

Ya adulto, Ezequiel pudo aprender el lenguaje de señas para comunicar con los demás, porque el instituto católico especializado no se lo había enseñado.

Para el fundador de ECA, Peter Isely, el caso argentino es solo uno entre muchos y está convencido de que seguirán lloviendo denuncias en todo el mundo.

“Van a estallar más. En América Latina, África, Asia. Esto es solo el comienzo”, aseguró a la AFP.

Las víctimas esperan que Francisco cumpla sus promesas y así salvar a otros niños de sacerdotes abusadores.

“El papa sabe que deben ser encarcelados, pero aún así, no hace nada. Me gustaría saber por qué no hace algo”, dice Claudia Labeguerie, una víctima de 26 años.

“Todavía se cometen muchos abusos, hay aún muchas víctimas. Las leyes deben cambiar”, lamenta.

Las tres víctimas, que solicitaron una audiencia con el papa, permanecerán en Roma del 20 al 22 de febrero, fecha en que se celebra el aniversario de la primera reunión sobre escándalos sexuales en la Iglesia convocada hace un año por el papa.

Ezequiel Villalonga no sabe si el papa los recibirá, pero está satisfecho por haber ganado su juicio.

“Esperé mucho tiempo (…) y lloré mucho. Pero en la corte lloré de alegría y dejé de ser una víctima”, confesó.