recuerdo de Lorca
Vista del exterior del Centro Cultural García Lorca,/ Fotografía: EFE/ Raúl Martínez
Montevideo, Uruguay.

Entre cintas amarillas que advierten “no pasar”, recios pilares y paredes sin pintar, el recuerdo de Federico García Lorca sobrevuela el esqueleto de un viejo edificio de Montevideo que sueña con que una marea de aplausos inunde el futuro centro cultural inspirado en el poeta español.

Las puertas de este recinto, abiertas en 2016 para conmemorar los 80 años de la muerte del poeta -fusilado en las primeras semanas de la Guerra Civil española (1936-1939)-, aguardan la reanudación de unas obras de adecuación para las que aún se precisan 800 mil dólares.

Así lo explica en entrevista con Efe el que fuera presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) entre 1988 y 2005 Enrique Iglesias, que preside el Grupo de amigos del Espacio Lorca y que persigue el sueño de crear un Festival de Teatro Español en Uruguay.

“Yo espero que, con un poco de apoyo adicional, podamos terminarlo. Está faltando un 20 %; entonces hay que dar ese empujón final para poder realmente llevar adelante esta linda iniciativa”, indica Iglesias.

El también exsecretario general iberoamericano, nacido en España pero criado desde la infancia en Uruguay, resalta el apoyo recibido de instituciones públicas y privadas de ambos países y pretende que esto sirva para mantener vivo el espíritu de una figura básica como García Lorca para la dramaturgia uruguaya.

UN ESPACIO AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD Y UN PUNTO DE REFERENCIA

Abocado al fomento y desarrollo de la sensibilidad y la capacidad de creación en la sociedad, este proyecto pretende poner un espacio alternativo para actividades artísticas al servicio de la comunidad.

Será importante “para servir a todos los aspectos de carácter cultural”, dice Iglesias sobre este lugar construido en un predio del Estado para iniciativas culturales sin fines de lucro del ámbito privado.

Según explica quien también fuera canciller uruguayo entre 1985 y 1988, esta obra servirá para dar pie a la presencia regular del teatro español, “importante” para España y para Iberoamérica.

“Sería un punto de referencia muy importante”, asegura sobre un lugar en el que se planea llevar a cabo exposiciones, congresos, seminarios, encuentros literarios, filosóficos y científicos, además de ciclos de cine y conferencias.

Planteado como pieza urbana diferente y singular, el edificio, ubicado a unos 100 metros de la playa y a pocas cuadras de la embajada de España en Montevideo, pretende, además, poder albergar a unos 300 espectadores en una sala en la que se espera la presencia de artistas nacionales e internacionales.

“Va a ser un centro que realmente va a servir un poco para recordar la gran presencia de España en este país en todas sus dimensiones y, además, apoyar la cultura en una figura de la cual tenemos que sentirnos todos muy orgullosos, como es la de García Lorca y su gran obra”, asevera Iglesias.

El economista considera de que, de concretarse este sueño, Uruguay dedicará un espacio a alguien que fue “muy importante” en la historia teatral de la nación sudamericana.

GARCÍA LORCA Y URUGUAY

El poeta granadino viajó en 1934 a Uruguay, procedente de Argentina, en una gira que le permitió advertir la importancia internacional de su obra.

Esa importancia es tal que, tras su muerte, fueron frecuentes los montajes de sus obras, en parte inspirados por la impronta que dejó su amiga y actriz fetiche, Margarita Xirgu, quien se exilió en el país suramericano y contribuyó al crecimiento de la Comedia Nacional.

De aquel viaje, además de su éxito de público y presentaciones en distintos ámbitos, quedaron para el misterio su relación con el escritor Enrique Amorim, al que algunas versiones sitúan como su amante, y si es cierto que concluyó en Montevideo su obra “Yerma”.

Su verso “A las 5 de la tarde”, del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, quedó en el imaginario colectivo como un llamamiento rebelde contra la dictadura uruguaya (1973-1985).

Ahora, el espíritu del poeta granadino busca quedar inmortalizado en las tablas de un país al que, pese a su breve conocimiento, llegó a sentir como propio.

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