Ocotlán, Jalisco.

A dos años de la contingencia sanitaria de la Covid-19, la comunidad del Centro Universitario de la Ciénega regresó al 100% a la presencialidad, aunque todavía buscan adaptarse a la nueva normalidad con el uso de cubrebocas, la sana distancia, protocolos de entrada, salida y aplicación del gel antibacterias. 

Por medio de un sondeo los alumnos del centro compartieron como la pandemia cambió sus vidas y los efectos negativos o positivos que trajo el virus SARS COV-2.

El estudiante de la licenciatura en psicología, Rene Heriberto Muratalla comentó que vivió un momento de sentimientos encontrados  ante la situación: 

“Me sentí preocupado más que por mi salud, la de mi familia cuando me enteré de eso del covid-19 hace dos años y me dio tristeza saber que tenemos que desplazarnos a nuestros pueblos, ya no ver a mis compañeros y saber que se me iba ir muchas oportunidades como prácticas junto con habilidades”.

Por otra parte, otra estudiante de  la licenciatura en Periodismo, Roxana Ruiz mencionó que vivió cosas buenas y malas como perder su empleo:

“Cuando inició la pandemia vivió cosas buenas y malas como todas las personas y una de las cosas que yo viví es que perdí mi trabajo, yo laboro como mesera en un antro de Guadalajara. Por las medidas que se tomaron cerramos al cien por ciento y me quedé sin trabajo”.

Otra estudiante comentó que por un momento creyó que la pandemia sería más difícil para ella pero por medio del confinamiento pudo tener mayor comunicación con sus seres queridos y amigos:

“El inicio de la pandemia fue muy drástico para todos pero, yo consideraba que iba a ser algo peor porque creía que mi vida académica iba empeorar debido a que las clases no eran presenciales. Al contrario, me fue de mucho beneficio en lo personal estar tanto tiempo en casa, convivir más con mi familia y hubo mejor comunicación, amigos”.

Además un alumno de Ingeniería en Química, comentó que las clases eran algo agotadoras en la virtualidad y que era demasiado rutinaria su vida pero aun con esto no perdía las ganas de volver a la escuela y ver a sus compañeros. 

 Por Kimberley Lemus.

Luis Felipe García López

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