Ocotlán, Jalisco

Dentro de la crisis económica debida a la pandemia, uno de los datos más reveladores es el relativo al consumo privado, que tuvo una caída de 11 por ciento a tasa anual en 2020, lo que representa la caída más grande desde que se tienen registros, de acuerdo al reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esta es la reducción más importante desde 1993 y es además la primera que se da luego de diez años consecutivos de incrementos. Como referencia, durante la crisis económica de 2009 la caída del consumo fue de 6 por ciento, en tanto que en la crisis de 1995 la disminución del consumo fue de 4.8 por ciento.

La importancia del indicador sobre el consumo radica en que mide el comportamiento del gasto que realizan en los hogares, tanto en bienes como en servicios, por lo que son una referencia directa al poder adquisitivo de la gente. Y esto en el contexto de la caída de 8.5 por ciento de la economía mexicana en 2020, de la pérdida de millones de empleos, el incremento de la pobreza laboral que llega al 40 por ciento de los trabajadores, así como el aumento de la pobreza que ya supera a la mitad de la población, es una muestra clara del empobrecimiento y la disminución de ingresos.

El indicador del consumo es un espejo de la profundidad de la crisis: la gente ha perdido ingresos y poder de adquisitivo, no le alcanza para cubrir todas las necesidades y por ello debe priorizar gastos, compras y servicios. Si bien esto parece algo ya normal para una buena parte de la población, la crisis por la pandemia ha extendido y profundizado la pobreza. Según los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la pobreza pasó de 41.5 por ciento en 2018 a 50.6 por ciento en 2020, lo que significa que alcanza a más de 62 millones de personas.

Más de la mitad de la población vive en una condición que le impide atender sus necesidades básicas, en tanto 4 de cada 10 trabajadores no perciben ingresos suficientes para cubrir sus necesidades. Con estos datos hay que entender que no sólo es grave la caída del consumo sino que se convierte en un reto gigantesco: cómo hacer que la recuperación de la economía tenga un efecto directo en la recuperación de los ingresos de los segmentos más afectados: los pobres, los empobrecidos, los que viven en pobreza laboral, los que se encuentran en alguna condición de mayor vulnerabilidad. En México los sectores más golpeados por la crisis incluyen a las mujeres, las comunidades indígenas, las personas mayores y los adolescentes.

La caída del consumo nos confronta con muchas necesidades: la reactivación de los empleos, sobre todo de los que generan rápida contratación y distribución de oportunidades e ingresos en sectores populares, así como el establecimiento de estrategias que impulsen a las microempresas, los pequeños negocios familiares, el comercio minorista y la recuperación paulatina del turismo de la mano de una recuperación de las condiciones de salud y seguridad. Recuperar el consumo significa hacer que la gente recupere ingresos y condiciones de vida digna. Es por ahí.

Por Héctor Farina Ojeda