Ocotlán, Jalisco

Altos niveles de desempleo, desigualdad, pobreza, exclusión digital, sobrecarga laboral a las mujeres y un acceso desigual a las vacunas: este es el panorama de América Latina luego de más de un año de pandemia de Covid-19 que ha convertido a la región en una de las más golpeadas por la mortandad, según un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Si a principios de la pandemia se temía que América Latina tuviera una nueva década perdida, las cifras actuales parecen confirmar que ese es el destino: si no se acelera el ritmo de crecimiento de los últimos años, no se alcanzará la recuperación de las economías hasta dentro de una década.

Como sabemos, la pandemia sorprendió a la mayoría de los países latinoamericanos en un estadio de precariedad en los sistemas de salud, en el mercado laboral, y en general en las condiciones de vida. Si ya había mucha pobreza, la pandemia incrementó en 22 millones de personas en esa condición debido a la caída de las actividades económicas, lo que significó millones de empleos perdidos, disminución de los ingresos familiares y sobre todo una enorme insuficiencia para dar respuesta a las necesidades urgentes de las personas. Conseguir atención médica, medicamentos, empleos y luego vacunas se volvió algo excluyente, de acceso sólo para unos pocos mientras la mayoría quedaba fuera.

Los datos de la Cepal dan cuenta de que el 30 por ciento de las muertes a nivel mundial causadas por la Covid-19 se dieron en América Latina, en tanto cerraron tres millones de empresas y alrededor de 46 millones de hogares no cuentan con conexión a Internet. Si lo decimos con otras expresiones: es el subcontinente con una crisis sanitaria desbordaba que se traduce en incontables muertos; es la región que profundizó su permanente crisis económica; y su mismo atraso en cuanto a conectividad se refleja en que millones de personas no puedan ajustarse al mundo digital para mantener el empleo, para acceder a servicios o para que los estudiantes sigan dentro de un sistema educativo que tuvo que mudarse al plano virtual.

En este contexto, hay bonanzas y pronósticos llenos de paradojas e ironías: para este año se espera una fuerte recuperación económica en cuanto al crecimiento, aunque estas proyecciones parecen matizadas por la tragedia que hoy tiene a Sudamérica con los niveles más altos de contagios y muertes por Covid-19. El empuje económico de Estados Unidos es importante para la región pero la desigualdad en el acceso a las vacunas es una amenaza y una muestra de la inequidad con la que se vive y se muere.

Y detrás del optimismo por los buenos aires económicos, el gran reto sigue siendo lograr que la recuperación signifique renovación y rectificación, que se pase de los buenos números globales a los resultados que disminuyan la vulnerabilidad, la precariedad y la pobreza. Que haya más empleos pero bien pagados, más crecimiento pero mejor distribuido, más riqueza pero menos concentrada, más oportunidades reales para la gente que realmente lo necesita, sobre todo en salud y educación.

Por Héctor Farina Ojeda