Ocotlán, Jalisco

El rebote de la economía mexicana en 2021 se ubicó en 5 por ciento, según la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) que realiza el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi). Este dato se dio a conocer hoy y refleja que el rebote fue mucho menor del esperado: las estimaciones de la Secretaría de Hacienda, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de analistas del sector privado preveían un repunte del 6 por ciento, luego de la caída de 8.2 por ciento que se dio en 2020 debido a la pandemia de Covid-19.

Hay una clara desaceleración en la economía mexicana: en el tercer trimestre de 2021 se tuvo una contracción de 0.4 por ciento, en tanto en el cuarto trimestre, de octubre a diciembre, hubo una caída de 0.1 por ciento. El rebote fuerte de la economía se dio en la primera parte de 2021 y se fue frenando en la segunda mitad del año hasta llegar a lo que se conoce como “recesión técnica”, que es cuando hay dos trimestres consecutivos en los cuales la economía tiene crecimiento negativo.

El principal motivo de la desaceleración de la economía mexicana es la aparición de la variante ómicron, que no sólo ha significado una cantidad récord de contagios a nivel nacional sino que a nivel mundial tuvo un impacto en el ausentismo laboral, en la disminución de actividades comerciales y de todas las actividades vinculadas al turismo, al entretenimiento y, en general, a las que dependen de la aglomeración de personas. A esto hay que sumarla una disminución del consumo debido a la inflación: la gente compra menos porque los precios suben por encima de sus posibilidades de pago. Recordemos que los precios en general se incrementaron 7.3 por ciento en 2021, muy por encima de la meta de 3 por ciento que establece el Banco de México.

La cifra de crecimiento de 5 por ciento en 2021 nos dice varias cosas: que el rebote fue claramente insuficiente para compensar la caída de 2020; que la recuperación plena se pospone por lo menos hasta 2023, pues en 2022 la expectativa es de apenas 2.8 por ciento; y que el dinamismo interno sigue siendo frágil, golpeado por la suba de los precios y por los efectos de la variante ómicron, que ha desatado una ola de contagios y que ha afectado a números sectores como las compañías aéreas, los hoteleros, los destinos turísticos, el comercio y muchos emprendimientos.

En los números profundos, una consecuencia palpable es que con la contracción de 2020 se incrementó notablemente la pobreza y con el rebote de 2021 no habrá recuperación para las personas que cayeron en la pobreza. Algo similar pasa con los empleos: se perdieron millones de puestos y se fueron recuperando en cantidad, pero no así en calidad: hay ocupaciones que volvieron en forma temporal, en condiciones precarias y con salarios más bajos, siempre a la espera de que la pandemia sea controlada y que la economía pueda recuperar su fuerza, sus inversiones, emprendimientos y proyectos.

En este contexto, la mejora económica sigue dependiendo de la mejoría en cuanto a la salud, y luego de la reactivación del comercio, el turismo y, fundamentalmente, de las inversiones que dinamicen desde dentro.

Por Héctor Farina Ojeda

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