Ocotlán, Jalisco

Los datos de la economía mexicana muestran una clara desaceleración en el proceso de recuperación. En el mes de enero la actividad económica tuvo una contracción de 0.15 por ciento mensual, esto es en comparación con el mes de diciembre del año pasado, de acuerdo al Indicador Oportuno de la Actividad Económica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Este es un dato preocupante si pensamos en que luego de la caída la 8.2 por ciento de 2020 y el repunte de 5.4 por ciento en 2021, los pronósticos para 2022 apuntan a 2.8 por ciento. Es decir, hay una desaceleración de la actividad económica y ello posterga la recuperación por lo menos hasta 2023.

Sin lugar a dudas, la aparición de la variante ómicron y la gran cantidad de contagios a nivel mundial enfrió la recuperación de la economía y ello se puede ver en el comercio internacional y en actividades como el turismo. La economía de Estados Unidos también disminuyó su ritmo y ello afecta directamente a México, que depende en gran medida de lo que pasa en el vecino del norte.

Y en el mercado interno, la recuperación sigue siendo lenta debido a varios factores: por un lado, con la crisis de 2020 se perdieron millones de empleos que, aunque se están recuperando en cantidad, lo hacen en condiciones más precarias, con menos estabilidad y con salarios inferiores. Los datos sobre el mercado laboral hablan de una mejoría, pero todavía el 40.3 por ciento de los trabajadores se encuentran en lo que se denomina pobreza laboral: trabajan pero los ingresos que perciben no les alcanzan para cubrir los costos de la canasta básica, sobre todo ahora que estamos ante un aumento fuerte de los precios de los principales productos de consumo básico.

Uno de cada cuatro trabajadores mexicanos se encuentra en una condición crítica de trabajo: le dedica más de 35 horas semanales al trabajo pero gana apenas el salario mínimo, o trabaja más de 48 horas semanales para ganar dos salarios mínimos.

Al mercado interno mexicano le hace falta una reactivación súbita: inversiones, emprendimientos, proyectos, dinero fresco y oportunidades laborales de mayor calidad para poder apuntalar el consumo y la recuperación desde dentro, así como mejorar las condiciones de vida de las personas.

La sola inercia de la recuperación basada en lo que viene de fuera no será suficiente para compensar el deterioro interno. Hay que incentivar la recuperación desde dentro y ello implica reforzar motores internos, favorecer inversiones, apuntalar proyectos y generar condiciones para las microempresas y los pequeños emprendimientos puedan emerger pese a la crisis.

Por Héctor Farina Ojeda

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