Ocotlán, Jalisco

Luego de dos años pandémicos complicados, la perspectiva económica de 2022 tiene cara de cuesta. Interminable. El efecto rebote que propició un crecimiento engañoso en 2021, luego de la caída de 8.2 por ciento que se dio en 2020, no sólo resulta insuficiente para contrarrestar el empobrecimiento y la precarización sino que también ha perdido fuerza. Para este año se espera que el repunte mexicano sea de 3.2 por ciento, según las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Y aunque los pronósticos suelen no ser tan certeros al final del año, lo cierto es que en este momento dan cuenta de una desaceleración luego del efecto rebote.

Si ubicamos a México en el concierto de pronósticos latinoamericanos, se encuentra lejos de la Panamá, que espera un crecimiento de 8.2 por ciento, siendo el país con el mejor pronóstico en cuanto al Producto Interno Bruto (PIB). Por encima de México se encuentran República Dominicana (5.5 por ciento), El Salvador (4.6 por ciento), Perú (4.4 por ciento), Cuba (4.1 por ciento), Guatemala y Paraguay (4 por ciento), Colombia (3.8 por ciento) Honduras (3.6 por ciento), Costa Rica y Bolivia (3.5 por ciento). Esto da cuenta de que la perspectiva para este año es, nuevamente, de un crecimiento insuficiente para enfrentar las grandes carencias que provocó la pandemia.

Pero además de la cuesta, hay un enorme peso adicional que cae directamente sobre los hombros de la gente: la suba generalizada de precios hace que millones de personas no puedan pagar por los productos y servicios más básicos. Según la Cepal, en América Latina hay 200 millones de personas en pobreza y 78 millones de personas en pobreza extrema. Ante un aumento constante de precios de la canasta básica, estas millones de personas se encuentran indefensas y a merced de un mayor empobrecimiento.

En el caso de México, el último informe ubica la inflación en 7.4 por ciento. Es decir, en promedio los productos se encarecieron 7.4 por ciento (aunque sabemos que el precio real que paga el consumidor es mayor dependiendo de los productos) justo en el momento en el que la recuperación es insuficiente y que los empleos no ofrecen las mejores condiciones en salarios. La suba de precios es y será, sin dudas, el gran escollo a vencer para buscar que se aligere la carga que aflige a millones de personas.

En medio de la incertidumbre por los efectos de la variante Ómicron, con una pandemia que sigue poniendo en vilo la salud y la economía, las perspectivas para 2022 son duras, sobre todo porque la recuperación sigue siendo dependiente del rebote, de lo que pase con la economía estadounidense y el comercio exterior. Todavía falta ese impulso interno de calidad que haga que no sólo se fortalezca la economía desde dentro sino que tenga un efecto distributivo que alcance a los sectores más golpeados. Faltan los empleos de calidad, los ingresos bien distribuidos, las oportunidades amplias, las proyecciones de crecimiento para la gente y no sólo para los indicadores.

Por Héctor Farina

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