Ocotlán, Jalisco

Imaginen que se trata de una pelea de boxeo. Y que reciben un golpe muy fuerte que les genera la caída más importante que recuerden en mucho tiempo. Se levantan y comienzan a recuperarse, todavía sintiendo los efectos del golpe aunque impulsados por la fuerza del rebote. A medida que avanza la pelea, la recuperación se hace más notable, aunque luego se comienza a hacer lenta, más cansada, al mismo tiempo que la pelea sigue con todos sus obstáculos y todos sus riesgos. Algo parecido le pasa a la economía mexicana que se encuentra en un proceso de recuperación que se está desacelerando luego de una caída enorme el año pasado.

La recuperación económica en México será más lenta de lo previsto, incluso más lenta que otras economías latinoamericanas, según las proyecciones realizadas por BBVA México. Entre los motivos destacados en el informe figuran la caída de las inversiones y las afectaciones por la tercera ola de Covid-19. Para 2021, la entidad bancaria estima un crecimiento de 6 por ciento, mientras que para 2022 el repunte será de 3 por ciento. Esto luego de la caída de 8.2 por ciento que se dio en 2020 en el primer año de la pandemia, cuando los efectos fueron mayores debido al confinamiento y a la paralización de diversos sectores.

No se trata de una situación desconocida. Al contrario, podemos decir que es más bien endémica: una economía lenta, pesada, con dificultades para acelerar en tiempos de bonanza, lógicamente tendría problemas similares en un proceso que va cuesta arriba. Uno de los aspectos más notables en los últimos años ha sido la incapacidad de lograr tasas de crecimiento que superen el dos por ciento en promedio. Detrás de una economía grande y desigual hay motores que no logran la capacidad de maniobra suficiente para ajustarse a tiempos cambiantes, a imprevistos y novedades.

Al mirar otras economías que son más rápidas, más ligeras y que se adaptan con más facilidad a las oportunidades o las desventajas -Singapur, Corea del Sur, entre otras-, hay factores que marcan la diferencia: los buenos niveles educativos, la inversión en ciencia y tecnología, la fortaleza de la economía digital y el avance en la economía del conocimiento. Las ideas, el pensamiento, el saber hacer y la capacidad de reinvención son mucho más rápidos que los modelos latinoamericanos que dependen todavía de las materias primas, del extractivismo, de buenos precios internacionales y de contados sectores de los que sale la mayor parte del ingreso.

Una de las grandes tareas de la economía mexicana tiene que ver con el salto hacia el conocimiento, hacia una menor dependencia de la economía del vecino, hacia una reinvención de los motores a partir de la educación. Si bien la recuperación de la crisis pandémica sigue su rumbo, lo hará en forma más lenta, más desigual, y eso tiene un impacto mucho más significativo en las personas que se encuentran en situación de pobreza, que luchan para sobrevivir en medio de empleos precarios, de salarios insuficientes y de un costo de vida cada vez más elevado.

Por Héctor Farina Ojeda

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