Ocotlán, Jalisco

En medio de la crisis sanitaria por la pandemia y la consecuente crisis en la economía, uno de los principales impulsos internos proviene del exterior: las remesas no sólo han mantenido un ingreso constante para millones de hogares mexicanos sino que este año romperán nuevamente su propio récord y superarán los 40 mil millones de dólares. De enero a octubre de este año, los envíos de dinero fueron por 33 mil 564 millones de dólares, lo que representa un incremento del 10 por ciento con relación al mismo periodo del año anterior cuando la cifra fue de 30 mil 394 millones de dólares, según los datos del Banco de México.

Este repunte constante de las remesas se da en un momento crítico, cuando más se lo necesita. Mientras la economía mexicana está en plena contracción y el Banco de México estima que la caída general del año será de 9.2 por ciento, también están en crisis las principales fuentes de ingreso del país: las exportaciones, el turismo y los ingresos por el petróleo disminuyeron durante la pandemia, mientras que las remesas aumentaron. Esto significa que los envíos que recibieron las 1.8 millones de familias perceptoras han contribuido a sostener el consumo interno, el cual es vital para que la economía se mueva.

El momento que estamos viviendo es muy complejo y de difícil pronóstico: los casos de Covid-19 han aumentado en las últimas semanas poniendo en situación de emergencia a varias urbes en el país, justo en el tiempo en el que se combinan el cansancio de la gente, las ganas de salir y el inicio de las reuniones y las fiestas decembrinas. La economía está en proceso de recuperación, lo cual se nota en los más de 148 mil empleos formales recuperados en noviembre y los 555 mil puestos de trabajo que volvieron luego de las pérdidas por la pandemia. Y aunque esto apenas es un inicio de reactivación que no compensa lo perdido, esta recuperación está en entredicho debido a que la crisis sanitaria no ha podido controlarse y los casos de Covid-19 siguen en aumento.

En el proceso de reactivación se espera que para 2021 se dé un crecimiento “de rebote” de alrededor de 4.6 por ciento, aunque hay varios condicionantes que ponen en duda cualquier mejoría: lo primero es saber cómo irá evolucionando la crisis sanitaria y si se logrará controlar y superar la pandemia. Esto es fundamental porque no hay recuperación económica sostenible sin recuperar primero la salud. Y en este contexto, una de las grandes dudas es cuánto tiempo tardará en recuperarse el consumo, puesto que no alcanza con volver a las actividades productivas o depender de los grandes ingresos como las exportaciones, sino que se debe recuperar desde dentro.

Dentro de este complicado momento, las remesas son el oxígeno que permite mantener el consumo interno y contribuye a que las familias cubran sus necesidades básicas. Pero a este impulso hay que sumarle otros para acompañar el rebote: falta el apoyo a los microempresarios, los créditos al emprendimiento, las inversiones que generan empleos de calidad y una reconsideración de los salarios e ingresos para la gente. Las remesas son un gran apoyo en tiempos de crisis pero no son la solución a la pandemia ni a la economía. Hay que hacer más.