Ocotlán, Jalisco

La convergencia de crisis que se dio con la pandemia de Covid-19 no sólo ha profundizado muchos de los males que ya teníamos en la economía sino que ha puesto un especial énfasis en los sectores más vulnerables, haciendo que la vida habitual contracorriente sea además cuesta arriba, con anclas y viento en contra. Imaginen la magnitud real del dato: 6 de cada 10 hogares mexicanos ya tenía deudas en tarjetas de crédito antes de la pandemia, según el primer levantamiento de la Encuesta Nacional sobre las Finanzas de los Hogares 2019, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Banco de México. Es decir, esto fue antes de que la crisis sanitaria obligue a paralizar las actividades, antes de que se pierdan millones de empleos y de antes de la caída económica más importante en los últimos 90 años.

Imaginen este otro dato: 8 de cada 10 consumidores en las tienditas piden fiado actualmente, mientras que antes de la pandemia lo habitual era que sólo 4 de cada 10 recurra a esta forma de crédito, según la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC). Esto significa que se duplicó el porcentaje de consumidores que debe pedir fiado para poder adquirir productos de primera necesidad, en tanto el 85 por ciento de los clientes de las tienditas aseguran que nos les alcanza para la canasta básica. Y a esto hay que sumarle la visión de los vendedores que consideran, en un 94 por ciento, que el consumo de los clientes es insuficiente.

Si ubicamos estos datos en el contexto de una suba generalizada de precios de los productos y servicios básicos que llega al 6 por ciento y que se encuentra muy por encima de la meta del Banco de México, entonces tenemos una parte referencial de la película: en medio de una recuperación de la economía, el gran costo lo llevan las personas que viven en condiciones de pobreza, que no cuentan con recursos suficientes para adquirir lo básico y que al mismo tiempo deben endeudarse más de lo que ya están con el fin de comprar lo que les alcance, que, por cierto, ante una inflación alta, es cada vez menor.

La inflación ya no puede considerarse como un fenómeno transitorio ni mucho menos local, ya que se trata de un problema que preocupa a numerosas economías a nivel mundial. Hay un encarecimiento del costo de vida al mismo tiempo que la recuperación se está dando en forma paulatina y desigual. Y en el caso latinoamericano, y México no es excepción, esto es más agudo debido a que antes de la pandemia ya había mucha pobreza y mucha precariedad, por lo que luego de la crisis de los grandes números, los precios presionan a los que menos tienen, haciendo que les cueste mucho más recuperarse.

Este es un momento en el que hay que pensar cómo se aliviana la presión de los precios y cómo se fortalece el de por sí empobrecido poder adquisitivo de la gente. De la crisis hay un proceso de recuperación desigual, por lo que hay que fortalecer lo social para evitar que los precios y las deudas se conviertan en una crisis mayor.

Por Héctor Farina Ojeda

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