Ocotlán, Jalisco

Las palabras encuentran su punto de apoyo en el pensar y desde ahí construyen el actuar. Nacen constantemente y fluyen con fuerza a través de la coherencia que transmiten y por sobre todo que acreditan con los hechos. 

Esa trilogia se sostiene en cada instante y representa la esencia de quien la vive. El transcurso del tiempo se constituye en un aliado vital para ahondar de forma permanente en el acuerdo constitutivo que uno tiene consigo mismo. Es el compromiso interior el que mueve al crecimiento, éste requiere de la puesta cotidiana de esa conexión entre el pensar, el decir y el hacer. 

El inicio de un año puede puede vivirse como el inicio de un día, o a la inversa, el inicio de cada día puede vivirse como el comienzo de un año. Es en la perspectiva del pensar en donde surge la oportunidad de darle protagonismo a lo que uno quiere y para ello el tiempo es el presente que existe, el que acontece en el ahora, y se vivencia con la potencia que irradia la palabra emitida. 

En la palabra hay vitalidad, su aceptación permite vivirla como tal, de manera que su uso expresa esa creencia y se materializa de forma espontánea y auténtica. Que la apertura de nuevos ciclos temporales sea beneficiosa para todos. 

El camino de las palabras es inmenso. Hay espacio para vivenciarlas y compartirlas con los demás. Entonces, cada cual puede pensar cómo darles vida dentro de su existencia y cómo socializarlas con quienes convive. 

Por Marcelo Pedroza