Fotografía: Rodrigo Arangua / AFP)
Ciudad de México, México.

Objetos de arte mesoamericano y de épocas diversas ilustran un nuevo espacio cultural que redescubre Tlatelolco, un tradicional barrio mexica en Ciudad de México, conocido por su pasado prehispánico pero tristemente también por una masacre estudiantil en 1968.

Denominado Xaltilolli, que en lengua náhuatl significa “montículo de arena”, este espacio asentado en el Centro Cultural Tlatelolco reúne cuatro etapas históricas de México: prehispánica, colonial, moderna y contemporánea.

La exposición es organizada por la estatal Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se enmarca en el programa “México 500”, que rememora cinco siglos de la conquista española pero que el gobierno mexicano ha renombrado como “resistencia indígena”.

“Tlatelolco marca el inicio de una nueva era para todos los pobladores no solamente de la cuenca (del Valle de México), sino de todo Mesoamérica porque ya comienza la expansión de la colonización española en este territorio”, dice a la AFP la curadora María Isabel Álvarez Icaza.

Asentada a la orilla de una gran laguna, ya desaparecida y que era vecina del actual centro histórico, Tlatelolco fue fundada en 1338, apenas 13 años después de la Gran Tenochtitlán, la capital del imperio azteca.

Este barrio, ubicado en el norte de la actual megaurbe, fue origen de una importante ruta comercial prehispánica y en la colonia albergó la primera imprenta de América, así como el primer colegio indígena, según la especialista.

“Tlatelolco ha tenido una manera de resurgir de la crisis de manera impresionante (…) se conservó a lo largo de los siglos y el arte ha sido un vehículo maravilloso para expresar esta resistencia”, explica Álvarez Icaza.

– Vida prehispánica –

En la exposición destacan unas 3 mil figuras prehispánicas donadas por colecciones privadas a la UNAM años atrás y que por primera vez son exhibidas juntas.

De tamaño diminuto, las figuras plasman la vida cotidiana de culturas mesoamericanas como la mexica y olmeca, y pertenecieron a coleccionistas como Kurt y Lore Stavenhagen, William Spratling, el pintor Ricardo Martínez, Antonio Roch y el cineasta Raúl Kamffer.

De acuerdo con expertos, la Stavenhagen es una de las colecciones más raras del mundo arqueológico con más de 500 objetos de cada aspecto de la vida cotidiana y religiosa de las culturas maya, zapoteca y mexica.

Figuras, muchas de ellas de carácter lúdico, que representan mujeres embarazadas, niños jugando e incluso aspectos sexuales pueden apreciarse en esta sección, una de las que despierta mayor interés en los visitantes.

Según la experta, agrupar esas colecciones tiene como finalidad facilitar su estudio y divulgación, además de permitir constantes rotaciones de obra en la sala de exposiciones.

“Reactivar esa memoria para darla a conocer año con año, que se haga una rotación de piezas para que se conozca todo el acervo o por lo menos las piezas más importantes”, señala Álvarez Icaza.

Durante siglos, Tlatelolco-Xaltilolli ha tenido enorme protagonismo en el devenir histórico. Fue una ciudad hermana de Tenochtitlán, durante un tiempo también su rival, y luego ambas concretaron alianzas a la llegada de los españoles.

A la historia prehispánica se suma su papel en la industrialización de Ciudad de México, su paradigma del urbanismo modernista y el doloroso recuerdo de la masacre de estudiantes, a manos del Ejército, el 2 de octubre de 1968.

“Lo que nosotros queremos con este espacio es invitar al público a hacer preguntas, a cuestionarse sobre su propia historia, sobre los discursos oficiales”, señala la curadora.

Xaltilolli, espacio donde se habla de memorias, resistencias, artes y comunidades tiene como objetivo “que el público se cuestione los conceptos tradicionales de historia y de arte”.

“Lo más importante es tener un papel activo en la construcción de su propia memoria”, concluye Álvarez Icaza.

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