Fotografía: ALFREDO ESTRELLA / AFP.
Otumba, México.

Cuando era cachorra, Frida, una tigresa de bengala, vivía encadenada en un estacionamiento y apenas se arrastraba. Ahora se contonea majestuosa en una reserva ecológica de México, hogar de animales rescatados tras ser adquiridos como mascotas o que estaban en poder de criminales.

Rico en biodiversidad, México no escapa al tráfico de fauna exótica que compran familias, comerciantes y hasta narcotraficantes, como en su momento se supo del excapo Joaquín “El Chapo” Guzmán, caído en desgracia y hoy preso en Estados Unidos.

“Hay muchas aves exóticas, como guacamayas o loros, reptiles, muchos primates y felinos mayores; es lo que más hemos detectado que tiene la gente”

Dice Lucio García Gil, jefe de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) en la zona metropolitana de Ciudad de México.

Anualmente, en la megaurbe se decomisan entre 150 y 200 animales exóticos, incluidos grandes felinos: en 2021 fueron rescataron dos de estos ejemplares, y este año, cuatro, incluido un cachorro de león.

El precio de tigres o leones en el mercado ilegal es semejante al de un perro de raza, pues a los traficantes les urge, cuando son cachorros, “mover la mercancía”, explica García Gil. Los venden entre mil y 5 mil dólares.

La ley mexicana permite tener fauna exótica, siempre que se compre a firmas autorizadas y se garantice un trato adecuado. Sin embargo, pocos cumplen las normas y hay iniciativas legislativas para restringir su posesión.

La tenencia ilegal se castiga con hasta nueve años de cárcel y multas máximas de unos 15 mil dólares.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el tráfico mundial de fauna salvaje representa anualmente ganancias de entre 7 mil y 23 mil millones de dólares. Es el séptimo negocio ilícito más lucrativo, indica a su vez la oenegé Global Financial Integrity.

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