El “narco” recluta a menores y los convierte en sicarios; hay 67 procesos en todo el país
Fotografía: Medios
Guadalajara, Jalisco.

Nada escapa ya al “monstruo” del narcotráfico que ha crecido a lo largo y ancho del país y devora todo a su paso… incluso niños, niñas y adolescentes, a quienes recluta por la fuerza. Ellos empiezan como “halcones” y terminan de sicarios, pero el tema no queda ahí, pues la delincuencia organizada los desecha cuando ya no le son útiles.

Un estudio revela que hay al menos 67 de ellos en Centros de Internamiento y sujetos proceso.

Aquí las voces de cómo fueron iniciados:

Esto se desprende del estudio denominado: “Niñas, Niños y Adolescentes reclutados por la Delincuencia Organizada”, realizado por la organización Inserta y financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), mismo que empezó a finales de 2020 y consistió en entrevistas a 89 adolescentes que se encuentran en Centros de Internamiento en los Estados de Coahuila, Estado de México, Guerrero, Nuevo León, Oaxaca, Tamaulipas y Quintana Roo.

El análisis divide a la República Mexicana en tres regiones: Norte, Centro y Sur.

En el caso de Jalisco, localizado en la región Centro, pone en evidencia que el narcotráfico está vigente y el reclutamiento de mayores de 18 años y menores de edad es una realidad, pero aquí se da principalmente en dos formas: 1) incitación por parte de amigos y por “iniciativa propia”, y 2) el forzado o contra la voluntad, que es la modalidad con menor frecuencia.

A ellos, la delincuencia les corta sus sueños, como ocurrió con el caso de Axel, que aún sueña con jugar futbol profesional.

Según el estudio, incluso hay niños, niñas y adolescentes que fungen como reclutadores y sus principales víctimas son quienes sufren del abandono por ausencia física, negligencia e inestabilidad; vienen de familia criminógenas o en donde la violencia se demuestra de manera más frecuente.

Pero también otros cayeron en la trampa y se dejaron arrancar del seno familiar. Es el caso de otro joven que anhela tener el restaurante que su padre no alcanzó.

Las características son similares: renuncian a sus estudios antes de ingresar a la delincuencia organizada o fueron expulsados por consumo de drogas y/o por la comisión de algún delito. Entre quienes dejaron la escuela para formar parte de la delincuencia organizada, tenían entre 12 y 15 años de edad.

Se aclara, además, que las pandillas no fungen como un escalón previo a la delincuencia organizada, que la mariguana es la droga de inicio en las tres zonas del país y que la cultura de apología al “narco” tiene efectos en su ideología, determinando modelos a seguir y moldeando su identidad y personalidad.

Sin embargo, también queda claro que cuando ya no les sirven o funcionan, los desechan, los eliminan o los abandonan en prisión.

Muchos de ellos hoy reflexionan sobre su pasado, quieren dejarlo atrás, y aunque están dentro de centros de detención, creen que la vida está por darles una nueva oportunidad,

Víctor Chávez Ogazón

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