Fotografía: EFE/Joebeth Terriquez.
Tijuana, Baja California.

La Navidad es una fecha dolorosa para los miles de migrantes varados en la frontera mexicana con Estados Unidos que pasan las fiestas en albergues o, en su defecto, bajo el techo de una carpa de un campamento improvisado.

Entre las familias migrantes en la ciudad de Tijuana está Lizbeth, una joven originaria de Honduras que lleva tres meses en esta frontera, a la que llegó acompañada de sus dos hijas en búsqueda de una oportunidad de cruzar a Estados Unidos para huir de la violencia en su país.

Sin embargo, no encontraron la prometida frontera menos hostil que anunció en su campaña electoral el ahora presidente estadounidense, Joe Biden, lo que ha sido particularmente pesaroso para ella, sobre todo en estas fechas.

“Es difícil, más cuando uno piensa que el cambiar de lugar es mejor y tal vez es más difícil de lo que uno se imagina. Llegar a un lugar de estos es como perderse en el tiempo, nuestras raíces se quedan atrás”, contó Lizbeth.

Sobre la Nochebuena y la Navidad, ella mencionó que preferiría no decirle a su hija de siete años cuándo es el día exacto, ya que sería triste verla no recibir algún regalo o porque podría afectarle estar separada del resto de la familia.

“La Navidad no es el mejor trago para mí, es el peor, es el más amargo que puede haber, aunque sí deseo que para otros esta Navidad sea la mejor. Mi hija está pequeña, tiene siete años y ella no sabe qué día es Navidad”, narró.

“Llegárselo a explicar (a su hija) creo que sería la parte más difícil, porque todo mundo está esperando una llamada, un mensaje, un regalo”, agregó con lágrimas en los ojos.

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