Guadalajara, Jalisco.

Parte II: Un derecho en México que es letra muerta…

En las diferentes culturas de la antigüedad, la enfermedad y el dolor se veían con cierta visión espiritual. Algunos decían que eran “castigos de Dios” o que eran resultado de sus vidas pasadas, y hay quienes incluso invitaban a cargar con esa cruz como una expiación a sus pecados.

Pero en la modernidad se comenzó a ver el dolor como un “grito desesperado” del cuerpo respecto a que algo pasaba en su interior. Y desde la década de los 80s, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció a los cuidados paliativos como parte de la medicina e incluso la consideró como una disciplina.

Tal fue la preocupación que en Reino Unido se crearon los primeros lugares para poder otorgar estos tratamientos multidisciplinarios. Aunque al principio el objetivo era tratar el dolor a los pacientes terminales y ofrecerles un “bien morir”, los cuidados paliativos también han evolucionado, pues ahora no sólo se trata a los pacientes que ya están desahuciados, sino a personas con dolor crónico que tienen todo el derecho de recibir tratamiento, explica la médica residente de cuarto año del Instituto Jalisciense de Cuidados Paliativos, Palia, María José Quiroga:

“Los cuidados paliativos para pacientes terminales, pero también para pacientes con enfermedades avanzadas o crónicas: insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca, insuficiencia de cualquier órgano y las enfermedades neurodegenerativas: Parkinson, demencias, enfermedades que crónicamente han evolucionado y que gracias al avance de la tecnología y la ciencia tienen más posibilidad de vida, tipos de cáncer con sus quimios, cirugías o el VIH Sida que ahora tienen una esperanza de vida mucho mayor, nosotros hacemos una intervención multidisciplinaria: hay enfermeros, psicólogos, hay también personal de farmacia, rehabilitación, psicoterapeutas y apoyo social”.

El tratamiento inadecuado del dolor se suma al sufrimiento individual, físico y emocional, pero también produce una gran carga y un impacto negativo social. Por eso la importancia de que esta subespecialidad sea cada vez más reconocida y buscada por parte de los sistemas de salud, para que se procure tener no sólo un equipo multidisciplinario para atender a los pacientes crónicos con dolor o terminales, sino también para tratar otros tipos de dolor:

“Al inicio se decía que la medicina paliativa era aquella que acompaña al final de la vida; sin embargo, actualmente se tiene una visión distinta. Nosotros estamos disponibles desde el inicio de los tratamientos oncológicos. Si yo diagnostico a un paciente con cáncer, hoy puedo avisarle al equipo de medicina paliativa y del dolor para que, junto conmigo, le den apoyo, soporte, confort a lo largo de su quimio, radio o de la cirugía. Incluso, aquellos pacientes que se van a someter a un procedimiento quirúrgico nosotros podemos intervenir en procesos intervencionistas antes de esa cirugía que van a disminuir grandemente el nivel de dolor postoperatorio que vaya a tener”.

Lamentablemente, en el mundo hay millones de personas con cáncer y otras enfermedades que sufren de dolor moderado a grave sin acceso a un tratamiento adecuado y enfrentan mucho sufrimiento durante meses, y muchos de ellos mueren en agonía.

La buena noticia es que el Estado de Jalisco es el único que actualmente cuenta con un instituto especializado en la materia… pero eso se lo cuento en la siguiente entrega de este trabajo especial: México sin dolor.

Lee el especial México sin dolor aquí.

Rocío López Fonseca

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