Guadalajara, Jalisco.

El barrio de Analco fue la colonia que recibió el mayor daño por las explosiones del 22 Abril de 1992.

Gran parte de los más de ocho kilómetros dañados de calles corresponden a Gante y 20 de Noviembre, por donde pasaba y aún está el colector intermedio oriente.

Ambas calles eran en su mayor parte viviendas y vecindades. Había comercios, pero no como ahora, donde las refaccionarias, talleres, llanteras, negocios de comida y hasta colegios, ocuparon los espacios que antes de 1992 fueron casas habitación. En la zona aún hay lotes abandonados, porque los damnificados de la tragedia, evitaron volver a la zona donde lo perdieron todo.

Datos del Inegi señalan que Analco se despobló tras las explosiones. Al comparar los censos de población de 1990 y el más reciente de 2020, esto es, en 30 años, hubo un decremento de 40% en su población.

En 1990 vivían en Analco 12 mil 992 personas. En 2020, esa cifra se redujo a 7 mil 696, esto es, una diferencia de 5 mil 296 habitantes menos.

Don Carlos Ramos González, quien hoy tiene 84 años de edad, fue afectado directo de las explosiones de 1992. Aún vive en la calle Gabino Barreda, casi esquina con Gante.

La tragedia le arrebató a siete familiares, entre ellos a nietos y dos de sus nueras.

“Sí perdimos unos nietecitos, las nueras, pero en diferente casa. Unas aquí a su izquierda a media cuadra (por la calle Gabino Barreda), estaban la nuera y la nieta y, total que fueron siete personas. Y aquí a una cuadra (en calle Gante) fue también un nietecito y aparte quedaron otros que se salvaron, pero el nietecito como estaba a medias de la salita, estaba en su andadera, pues ahí quedó el niño”, manifestó.

Fotografía: Ignacio Pérez Vega

La casa que habitaba junto con su familia fue declarada como “pérdida total”. Vivió fuera de Analco durante dos años, en tanto fincó de nuevo su hogar. Al no cubrirse el 100% de su nueva casa, tuvo que pedir un crédito del Infonavit que aún está pagando.

“Mi casa se cuarteó toda y al último dijeron que era pérdida total. A base de dar vueltas y vueltas, llevando papeles y todo, sí nos ayudaron con algo, porque había casas de ladrillo; depende como estaban hechas, de ladrillo, de adobe y ahí se llevaron ciertos requisitos para valuarlas y para pagarnos. Pues, digamos que no recuperé el 100%, porque al último no completamos para pagar”, indicó.

Muchos de sus vecinos ya no regresaron a Analco. Don Carlos decidió regresar, pese a la pérdida de sus siete familiares.

“La calle de Gante eran viviendas y últimamente ya la mayoría son negocios, ya son muy pocas familias las que se quedaron, a lo mejor por el temor de que vuelva a repetirse, ojalá y no. Ya a ciertas horas, hay silencio, lo que no había antes. Antes, en la esquina los jóvenes se juntaban, la algarabía y todo eso se acabó”, recordó.

Don Carlos Ramos dijo que a 30 años, él y sus familiares recuerdan a quienes perdieron la vida. Hay familias que al irse de Analco, borraron de la memoria lo sucedido y han preferido no acudir a las conmemoraciones civiles ni religiosas.

“Nosotros siempre cada año lo estamos recordando. Antes, en esta esquina antes de que fincaran, hacíamos nuestras misas, después nos venimos aquí hasta que el entonces gobernador Ramírez Acuña, le pedimos que ese terreno estaba grande y que no había dueño ya y fue cuando nos ayudó a construir la capilla que todavía ahí está”, dijo.

Fotografía: Ignacio Pérez Vega

En la lista de personas que murieron hace 30 años por las explosiones, se encuentran Eduardo Ramos Flores, su nieto; Eva Flores, su nuera; y Gibrán Ramos, otro de los nietos.

Don Carlos afirmó que ve muy difícil que algún alcalde o gobernador se atrevan a enfrentar a Pemex, para que asuma la responsabilidad de la tragedia del 22 de Abril de 1992.

Ignacio Pérez Vega

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