Fotografía: Cortesía
Guadalajara, Jalisco.

El 22 de abril de 1992, Enrique apareció en la lista de personas muertas por las explosiones de ese día en el perímetro de 10 kilómetros del Sector Reforma. Era una equivocación y, a 30 años de la tragedia, es uno de los sobrevivientes.

Le tocó vivirlo a sus 35 años. Iba de paso en la zona por motivos de trabajo.

“Yo estaba trabajando y me tocó ir a hacer mi labor de ventas, y de eso ahí en la calle de Violeta. Cuando llegué a donde iba a destinado, no había en donde estacionarse. Entonces, yo me quedé en medio de la calle buscando a ver dónde me estacionaba cuando ocurrió la explosión. Mi camioneta voló, es lo que me acuerdo, y cayó en la zanja que se abrió”.

No salió de su camioneta y estuvo consciente por más de 30 minutos escuchando los quejidos y los gritos de auxilio de las personas, hasta que elementos de seguridad llegaron a rescatarlo.

“Nunca se me borró esa parte. La verdad no sabía que había pasado. Me sentía aturdido, pero no perdí el conocimiento, estaba consciente de lo que estaba pasando, pero ¿por qué? No sabía, simplemente me vi volando, caí y lo único que gritaba era auxilio”.

Lo trasladaron al Hospital Civil de Guadalajara cuando aún estaba consciente. Ahí permaneció cinco días, y después de una amplia búsqueda, su esposa y su hermano lo encontraron. Ya había perdido el conocimiento y fue trasladado al Hospital Ayala del IMSS, donde su proceso de recuperación duró un año. Hoy todavía padece secuelas

“Son cuatro lesiones: asentamiento de vertebra, el fémur roto, la rodilla hecha pedazos. Esta la tengo atrofiada desde entonces y me la reconstruyeron, me hicieron la operación del fémur, la operación de la nariz. De los pies también se habían salido del lugar, los tenía todos torcidos y me los reacomodaron. El codo este también me lo acomodaron porque traía el hueso saldo. Me volvieron a reconstruir casi”.

En ese tiempo, ninguna autoridad llegó para ofrecerle apoyo. Hasta que fue dado de alta se acercó al grupo de los lesionados del 22 de abril y se integró al fideicomiso que se creó para ellos en 1998.

“Y batallar porque siempre estuvimos a pie de lucha, batallando y luchando para que se realizaran nuestras peticiones y fue cuando tomamos el Palacio de Gobierno, tomamos el Congreso. Tomamos digo porque nos fuimos ahí a quedar a dormir unos días, y la última fue que fuimos a México para que Pemex nos ayudara, que reconociera y fue cuando se empezó a crear el fideicomiso”.

El fideicomiso surgió a partir de una aportación inicial de 57 millones de pesos por parte de Pemex y el Gobierno municipal de ese entonces. Incluye una pensión mensual equivalente a tres salarios mínimos, la atención médica en el Hospital de Zoquipan, compra de paquetes funerarios y un seguro de vida de 200 mil pesos. Ernesto contó que, además de lo complicado que ha sido reconocer esos apoyos a lo largo de cada administración estatal, a estas alturas su panorama económico es incierto, pues pese a las promesas en este tiempo han aprendido que quien llega a gobernar sólo los usa políticamente sin un compromiso real.

“Pasan los días, pasan los meses y no se ve que sí nos apoyen al 100 por ciento. Como ahorita, estamos batallando mucho porque ya el fideicomiso está dando sus últimos suspiros. Estamos viendo que creo que salimos este año y unos meses del año que entra y, si no hacemos nada, si no se hace nada, si no se logra nada, pues adiós el fideicomiso”.

Añadió que todavía esperan que llegue la justicia por esta tragedia que oficialmente dejó 212 muertos, 69 desaparecidos y mil 800 lesionados en Guadalajara.

“Estamos viendo que no hay responsables y causa tristeza. No sé, un bajón de moral porque tanto que promete y no lo cumplen. Ahora las pruebas ahí están porque no las agarran y las ven, las escudriñan”.

Fatima Aguilar

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