Fotografía: EFE/Alex Cruz.
Ciudad de México, México.

Claudia Rodríguez espera impacientemente, bajo los intensos rayos del sol, en una fila que da la vuelta a la calle para hacerse una prueba COVID en un laboratorio privado de Ciudad de México.

Rodríguez intentó que le aplicaran el test desde hace dos días, cuando comenzó a presentar síntomas, pero nunca llegó a tiempo para alcanzar uno de los 50 turnos que dan en la sanidad pública a partir de las 9:00 horas.

Después de mucha frustración, acudió a un lugar privado en donde gastará 500 pesos, “porque ya no queda de otra” y porque conseguir las pruebas gratuitas del Gobierno local “es un viacrucis”.

La mujer, de 53 años, no ha podido faltar a su trabajo pese a que sospecha que está infectada, y como muchos, necesita su prueba en mano para pedir incapacidad.

El caso de Rodríguez no está aislado, imágenes de filas interminables en toda la capital, en cuya área metropolitana viven más de 20 millones de personas, se ven por doquier.

Los datos justifican las escenas que se han visto en las últimas horas, el martes México registró 15 mil contagios diarios, la cifra más alta en cuatro meses.

Filas interminables

Para muchos vecinos de CDMX, las pruebas gratuitas de la sanidad pública son su única opción para saber si están infectados.

Sin embargo, la demanda ha rebasado la capacidad de atención de los centros de salud.

Hasta el lunes, las autoridades capitalinas realizaban un promedio de 10 mil test diarios pero pronto decidieron duplicarlas e instalaron ocho nuevos módulos en centros comerciales.

Farmacias y clínicas privadas

Cuando el reloj marca las 12:00, una hora después de que, en teoría, los sanitarios de los módulos comienzan a pasar a la gente para hacer las pruebas, Karime Luna derrocha impotencia y frustración.

“Son escasas las personas que alcanzan, hay gente aquí desde muy temprano, yo he intentado ya en siete lugares y no he logrado un turno”, se quejó.

Luna tiene síntomas claros de COVID, como tos, pero no puede faltar a su trabajo sin su resultado positivo, aunque es optimista: “No creo que sea (el virus)”.

Pero la gente que, como Luna, no logra conseguir una ficha termina en las farmacias.

En estos sitios una PCR puede costar más de 3 mil pesos, un precio inasumible para millones de mexicanos.

Carlos Alejandro Frías, de 69 años, espera junto con su familia en otra larga fila afuera de una farmacia que, a su vez, se entrelaza con otra fila en otra farmacia a tan solo unos metros.

“Yo no sé por qué pero siempre falla la organización (…) porque vas al seguro (la seguridad social) y también hay filas, es el pan de todos los días en la ciudad”, se quejó.

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