Fotografía: EFE
Ciudad de México, México.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha perpetuado una manera inédita de gobernar mediante sus conferencias de prensa, las “mañaneras”, a las que dedica una media de 109 minutos al día y durante las que nunca se ha tomado un vaso de agua.

Hasta este jueves, López Obrador lleva 780 conferencias de prensa en sus 1.161 días de Gobierno con un progresivo descenso en las páginas vistas en su página de Facebook y YouTube, según Luis Estrada Straffon, director general de la empresa SPIN-TCP, que contabiliza diariamente estadísticas de estas particulares conferencias de prensa.

“Nunca nadie ha hecho ruedas de prensa diarias y ningún político le ha copiado. Resulta complicado considerar que su popularidad tiene relación directa con esta singular estrategia de comunicación. Las “mañaneras” son ante todo un modelo peculiar de gobernar”, explica Estrada a Efe.

Los índices de popularidad de López Obrador se mantienen por encima del 60 % y lo colocan como uno de los presidentes con mayor respaldo popular en el mundo, como él mismo recuerda en ocasiones.

Estrada estima que estas conferencias y su estrategia de comunicación no explican el motivo de su popularidad, ya que “es el presidente mexicano que obtuvo el mayor respaldo electoral en las urnas (2018) hasta disfrutar de un índice de popularidad del 90 %”.

“Desde entonces su respaldo popular ha ido cayendo, aunque todavía es muy alto”, afirma Estrada, quien ha estudiado cada una de las 780 mañaneras.

En ese estudio resulta llamativo, por ejemplo, que a pesar de durar una media de más de hora y media en sus comparecencias, López Obrador (conocido como AMLO) nunca se ha tomado un vaso de agua y ni tan siquiera se ha sentado, salvo cuando ante las cámaras le pusieron la vacuna contra la covid-19.

La importancia de las mañaneras es tal que en la mayoría de los días López Obrador no tiene apenas otra agenda pública de reuniones. Toda su actividad se concentra en las mañaneras, que comienzan a las 07:00 de la mañana después de una reunión a las 06.00 de su comité de seguridad.

SEMEJANZAS CON CHÁVEZ

“Las mañaneras son su forma de gobernar y recuerdan a la estrategia de comunicación del venezolano Hugo Chávez. Es un modelo en el que se sustituyen los logros por la esperanza y en el que se reiteran los enemigos, los héroes y la patria”, afirma Estrada.

“AMLO y Chávez (1954-2013) son muy semejantes. Lo único que el mexicano no ha incluido en su retórica es la demagogia antiyanqui por razones obvias dada la dependencia de México con Estados Unidos”, afirma Estrada.

Según las estadísticas de SPIN-TCP, las mañaneras no se pueden considerar como auténticas conferencias de prensa dado que los periodistas representan a muchos medios digitales que son poco conocidos.

“El 53 % del total de las preguntas provienen de la primera fila donde están sentados medios digitales” y que son seleccionados previamente, asegura Estrada.

La empresa SPIN-TCP ha contabilizado también el número de afirmaciones engañosas pronunciadas por López Obrador y que llegan a las 70 mil, esto es, una media de 90 al día.

DISCURSO MANIQUEO

Gerson Hernández, experto en relaciones públicas, ha estudiado las mañaneras en una tesis de su maestría en la Escuela de Periodismo Carlos Septién y concluye que “López Obrador ha mantenido el mismo discurso maniqueo de buenos y malos desde que comenzó su carrera política en su estado natal de Tabasco”.

“Las mañaneras muestran las contradicciones permanentes del presidente con una reiteración de mensajes destinados casi exclusivamente a sus simpatizantes”, asegura Hernández.

La mayoría de esos mensajes, según Hernández, no son recogidos por los medios de comunicación por la falta de estrategia en la selección de los temas del día.

“López Obrador representa los excesos de la personalización de la acción de Gobierno. Un solo hombre enarbola a todo el Gobierno. Todo gira en torno a él con una excesiva concentración del poder que, en definitiva, no beneficia a su legado”, asegura Hernández.

Los excesos de López Obrador se han visto reflejados esta semana en una dura reacción contra el periodista Carlos Loret de Mola por publicar que su hijo mayor, José Ramón López Beltrán, ha vivido en una lujosa casa en Houston (Texas) propiedad de un contratista de la estatal petrolera Pemex.

“No le gustó a Carlos Loret de Mola que lo definí como mercenario, golpeador, sin principios y sin ideales, me faltó decirle que es corrupto”, afirmó López Obrador el martes.

Otro experto, Carlos Petersen, analista del Grupo Eurasia, estima que la popularidad de López Obrador es sorprendente teniendo en cuenta la pandemia, el nulo crecimiento económico y el incremento de la violencia y la inseguridad.

Para Petersen, la popularidad de la que goza López Obrador se debe, sobre todo, al efecto de sus programas sociales y por la incapacidad de la oposición de presentar un frente unido para contrarrestar su propaganda.

Los próximos meses serán claves, según Petersen, por el desenlace que tendrá en la Cámara de Diputados el proyecto de reforma energética de López Obrador, el nivel de participación en el referéndum de revocación de mandato en abril y las elecciones en seis estados del país en junio.

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