Fotografía: Alicia Preza
Guadalajara, Jalisco.

A diferencia de muchos cineastas, la falta de imaginación fue lo que condujo al guatemalteco Luis Argueta a terminar en el mundo del cine.

Acostumbrado a no cuestionar su entorno, él recuerda que de chico le fascinaba escapar de las prohibitivas dinámicas del hogar para emocionarse con las imágenes y sonidos que envolvían la sala de alguno de los dos cines que estaban cerca de su casa.

Fue la inercia de no cuestionar lo que sucedía en su vida lo que lo llevó a aceptar una beca para estudiar Ingeniería en Estados Unidos. Pero en ese país, todo cambió.

En paralelo a sus clases, comenzó a tomar cursos de Súper 8: una rama del cine donde Argueta descubrió la magia de contar historias.

“Y voy descubriendo que yo puedo empalmar estas imágenes, que hay una cierta afinidad con contar una historia, por absurda que sea, y que, por tanto, que sea lo que quiero decir. Hay algo que quiero decir y esta gran libertad de poder expresarme es lo que me hace que me enamore del cine”.

Esta anécdota de cómo el guatemalteco se adentró en el séptimo arte fue compartida durante la Master Class encabezada por él mismo y en diálogo con la directora guatemalteca, Izabel Acevedo, dentro de las actividades del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).

Una de las contribuciones de Luis Argueta es que hoy exista la asociación AGACINE en Guatemala, la cual, desde 2007, motiva a crear un instituto y ley que apoye e impulse el arte del cine.

Él se dice optimista de que el futuro del cine guatemalteco está transformándose, para que el mundo ponga la mirada en sus realizadores y el séptimo arte en este país vecino siga creciendo y muestre más realidades.

Alicia Preza

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