La Incapacidad en la Discapacidad | Parte 1

Las consultas médicas se desplomaron, pero las personas con discapacidad resultaron más afectadas. Durante la pandemia, las personas sordas no podían entrar con acompañante ni al hospital.

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Guadalajara, Jalisco.

Las consultas médicas se desplomaron, pero las personas con discapacidad resultaron más afectadas

Durante la pandemia, las personas sordas no podían entrar con acompañante ni al hospital. Entonces, había que contactar a un intérprete en Lengua de Señas Mexicana y hay quienes no tienen dinero ni para el saldo del celular para hacer la videollamada.

Muchos no saben leer o escribir en español, así que cualquier trámite como registrarse para recibir la vacuna anticovid era todo un reto. Otros no saben usar la tecnología.

La presidenta de la Asociación Deportiva, Plural, Recreativa, Silente de Jalisco, Ana Guadalupe Herrera Amaral, contó su experiencia cuando se contagió de COVID-19. Empezó a tener dificultades para respirar, aunque no tuvo fiebre.

“Sí, comencé a buscar hacerme la prueba, pero me enfrenté a muchas barreras, solicité apoyo de un intérprete y encontramos un lugar en Cruz Verde para aplicarme la prueba, hicimos nuestra cita y resulta que el intérprete no podía, estaba ocupado, estuve buscando y bueno, finalmente hicimos videollamada y entré al hospital, dije que era una persona sorda, pero me dijeron: no tienes temperatura, no tienes fiebre, el doctor como que está un poquito confundido”.

El médico se preguntaba quién era la persona con la que estaba haciendo la llamada, Ana lo que quería era mirar la pantalla para saber qué le estaba pasando. Ella sabe escribir y un poco de español, además está empoderada, pero hay quienes tienen menos herramientas para desenvolverse en un entorno de oyentes.

“Yo leo un poco más, sé escribir, pero imagínate otras experiencias de otras personas sordas cómo, entonces me dijeron vamos a mandar la respuesta de tus resultados en correo, pero realmente no entendí de qué se trataba, no comprendí la información que me proporcionaron y esa fue una barrera”.

Así que salió sin saber qué le estaba sucediendo, hasta que encontró quién pudiera apoyarla. Uno de sus alumnos de lengua de señas que es doctor le confirmó que era COVID-19.

Desde los primeros meses de 2020, la Organización Mundial de la Salud recomendó mantener los servicios esenciales y, sobre todo, no dejar atrás a grupos como el de las personas con discapacidad. Pero la normalidad para ellos antes de la pandemia era enfrentarse a un servicio ineficiente, como le ha pasado a María Fernanda Montoya Sánchez, Atrofia Muscular Espinal tipo 3, su discapacidad que consiste en que carece de una proteína en los nervios y por eso sus extremidades tienen debilidad. Depende de la ayuda para sus actividades físicas como sentarse en la silla de ruedas, cambiarse de ropa o ir al baño.

Los medicamentos que ya fueron aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) Spinranza, Risdiplan y Solgesma en Estados Unidos no están autorizados en México, por eso ella utiliza medicina alternativa.

“Sí en mi caso es alternativo, pero no hay nada, ni siquiera en rehabilitación, en el DIF es muy deficiente el servicio. En el Instituto Mexicano del Seguro Social, cabe mencionar que yo tengo muchos años atendiéndome en el IMSS y yo tengo que dar la bibliografía a mis médicos porque no saben en qué consiste mi patología, no saben qué tratamiento se lleva a cabo, no tienen información absolutamente de nada y es muy triste”.

En el primer año de pandemia, las consultas externas para población en general se desplomaron 42% en Jalisco, pero si se trata de atención a personas con discapacidad la afectación fue mayor, de acuerdo con el reporte de la Secretaría de Salud Federal.

 

 

A nivel mundial hubo interrupción de servicios en la atención médica y personas que dejaron de ir a hospitales por temor a COVID-19, pero en el caso de Fernanda, apenas hasta la tercera ola de contagios buscaron la forma de continuar con la atención.

“Apenas me empezaron a hacer videollamadas como hace tres meses, pero no es por hablar mal de las personas, es muy deficiente el sistema, como te digo, yo le tengo que decir a mi doctor: doctor, yo tengo esto y me tiene que dar esto, no tienen conocimiento de cómo se tiene que tratar a los pacientes”.

Lo cierto es que un profesional de la salud sí puede hacer la diferencia. La internista Teresita Morales Ortega, del Hospital General de Zapopan, estudió Lengua de Señas Mexicana.

Contó que hace un año aproximadamente llegó una paciente sorda. Tenía problemas para respirar, no podía caminar, tenía las piernas hinchadas, incluso la mujer pensaba que tenía COVID-19, pero la especialista lo descartó. Al revisarla, supo que su caso era grave y era necesario hospitalizarla de urgencia; entonces, les explicó a la paciente y a su amiga que la acompañaba la importancia de intervenir de inmediato.

“Entonces yo le dije a ella, le expliqué a la amiga y a la persona enferma yo le dije: imagínate si yo no conociera el idioma de la lengua de señas, nadie sabría lo que tú tienes porque tu enfermedad es rara. Es de difícil conocimiento y entonces tú podrías en un futuro, morir”.

En la siguiente entrega presentamos el desafío de necesitar asistencia en México.

Elizabeth Ortiz

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