Fotografía: Rocío López Fonseca
Guadalajara, Jalisco.

Lu tiene 16 años; ella es de Centroamérica. Huyó de su país hace dos años por la extrema violencia y pobreza en la que vivía su familia. Estaba embarazada y sola en Guadalajara, no conocía a nadie, no sabía qué sería de ella y su hijo, pero se encontró con la Casa Hogar “El Refugio”, que prácticamente la salvó de la calle. Ellos le han permitido darle a su bebé una mejor vida y un futuro esperanzador:

“Ahorita tengo 16, y como no tengo una red familiar, probablemente salga a los 18, y si yo quiero, la madre me da la oportunidad de estar más tiempo”.

Son 29 niñas y adolescentes de 13 a 17 años con sus 30 bebés, que van desde el mes hasta los cinco años, las que viven en la Casa Hogar el Refugio, ubicada en la Colonia “La Consti”, en Zapopan.

Este lugar se convirtió en un oasis en medio de la violencia que sufrieron estas adolescentes, muchas de ellas desde niñas fueron abusadas por sus familiares: papá, padrasto, hermanos, abuelos, tíos o conocidos de la familia, lamenta la directora de la Casa Hogar, Ignacia Vázquez:

Desde hace 47 años, la Casa Hogar el Refugio ha visto pasar por sus patios, pasillos y jardín a decenas de niñas y adolescentes que, sin desearlo, se convirtieron en madres, llegaron al albergue con su bebé en brazos y su único trabajo en este lugar es cuidar de él y aprender algún oficio o taller, explica:

“Ellas llegan aquí por una delegación del DIF, que es quien nos las ingresa. Tienen responsabilidad, más que obligaciones, principalmente el asistir a su hijo, protegerlo, amarlo y educarlo, estar con él y el aseo de la casa, pero también ellas cuentan con un rezago escolar en el que nos enfocamos en que traten de sacar. La mayoría de ellas está estudiando INEA semiescolarizada, escuela para adultos, primaria, hay otras que están estudiando secundaria y hay una en prepa de las 29 que tenemos. También llevan aquí talleres para el proyecto de su vida”.

Lu está en el taller de maquillaje. Le gusta mucho y espera que en un futuro ella pueda vivir de eso:

“Capacitaciones que me sirven mucho; de hecho, tenemos una capacitación que es de maquillaje, me gusta mucho maquillar y siento que es algo con lo que puedo salir adelante. -¿A lo que te puedes dedicar?- Sí, tal vez”.

En promedio, las niñas permanecen en la casa más de cuatro años, pero hay quienes se quedan más tiempo, pues depende de su situación personal. La Casa Hogar el Refugio ha sido una salvación para muchas de ellas, se ha convertido en su casa materna y, a la distancia, regresan ya como profesionistas, abogadas, administradoras de empresas o pedagogas.

Rocío López Fonseca

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