Fundación Emmanuel
Imagen: Google Maps
Guadalajara, Jalisco.

“Cuando yo estaba chiquita, pues… pues el hijo del director fue”.

“Para él ya era rutinario conmigo. Yo siempre le decía que lo que hacía estaba mal, porque yo… En esa casa hogar era como mucho de Dios. Yo decía: es que estás mal, lo estás haciendo por satisfacción, pero no sabes el daño que le estás haciendo a muchas personas”.

“Y él fue como si no le importara. Cuando salí de ahí, yo les llegué a decir a ellos y nunca hicieron nada. A los de Ciudad Niñez”.

A Natalia Ábrego le destrozaron la vida. Y las responsables de ello fueron las instituciones.

Ella fue separada de su familia desde que tenía pocos meses de haber nacido, y el aparato que teóricamente debía cuidarla terminó arrojándola a un albergue en donde no sólo sufrió abuso sexual por parte del hijo del dueño de éste, sino el desinterés de las autoridades a las que pidió ayuda y, de plano, le voltearon la cara.

En esta nueva emisión del programa de UDGTV Canal 44 Para Tomarlo en Cuenta, María Antonieta Flores Astorga hace público el caso de Natalia Ábrego, quien desafortunadamente no es un caso aislado, pues refleja lo que muchas niñas y niños padecen en Jalisco cuando son enviados a casas de asistencia en donde se vulneran los derechos humanos de quienes allí se encuentran.

En este caso, Natalia denuncia que fue agredida en la Fundación Emmanuel, en El Salto. Allí terminó luego de que el extinto Consejo Estatal de Familia la retiró de su seno familiar. Fue en los albergues y no al lado de su madre donde se crio, donde creció y donde incluso fue reprendida al tratar de aprender a leer y escribir.

El hijo del dueño de ese sitio abusó de ella desde que tenía 9 años, y como ocurre en una innumerable cantidad de casos, Natalia calló por miedo.

María Antonieta Flores Astorga menciona que la joven cayó en uno de tantos albergues sin supervisión, donde no hay más voluntad de quienes dirigen esos espacios. Y tiene razón, pues tras cumplir 18 años, Natalia habló. Denunció a su agresor, pero no ocurrió nada.

Personal del DIF y de Ciudad Niñez se enteraron de los abusos que ella recibía en el albergue, pero no hicieron nada. Hoy, ella reconoce estar “resentida” con las instituciones.

“-Y entonces… ¿Tú crees que todos los que están ahí pueden pedir ayuda y está bien lo que hacen con ellos en los albergues?- Pues la verdad no. -¿Por qué?- Pues… en vez de ayudarte, te dejan más mal”.

Preguntó sobre su familia ante la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, el DIF y Ciudad Niñez. Afirma que en todos lados le dijeron que su madre había muerto por consumo de drogas. Le mintieron.

Natalia es un caso. Uno de cientos que se han hecho públicos y que evidencian las serias fallas que hay en el modelo de asistencia a infantes. Un modelo que continúa destrozando infancias y que, pese al paso de los años, de los gobiernos y de la labia de los gobernantes, sólo ha recibido un cambio estético.

O como la propia María Antonieta lo menciona:

“Las historias son muy similares, los testimonios se repiten, son casi copias al carbón lo que vivió Natalia en manos de la Procuraduría de Protección de lo que experimentó cuando existía el Consejo Estatal de la Familia. Cambiaron de escritorios, cambió el nombre, la fecha, los edificios… pero en esencia, los métodos son los mismos: se sustraen menores de los brazos de sus madres solas y pobres para, después, dejarlos a su suerte”.

Mira esta edición de Para Tomarlo En Cuenta, aquí:

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