Fotografía: Cortesía
Guadalajara, Jalisco.

En pocos días las jornadas de Julia como enfermera atendiendo en piso en el hospital Ayala o clínica 45 del IMSS, pasaron de difíciles a peligrosos. Aunque la clínica Ayala por falta de acondicionamiento se decidió no reconvertirla, la multiplicación de contagios hizo que se pasaran enfermos de urgencias a piso pero sin protocolos, exponiendo la salud de enfermeras y médicos, entre otros pacientes.

La ocupación hospitalaria que comenzó a dispararse en diciembre 2020 en Guadalajara, obligó a las autoridades a que el

Hospital Ayala de híbrido, se reconvirtiera totalmente pero de forma velada como lo cuenta Julia; de ella no revelamos su identidad para que no sufra represalias:

No solo ya no pueden tomar descansos, sino que no les administran los recursos especiales se seguridad para hacer su trabajo.

La contracción masiva de interinos ha sido insuficiente y aunque se entregaron bonos en su momento, para Julia el problema en concreto es que no tienen medidas de seguridad y eso propaga el contagio entre ellas porque no a todas se les considera personal de riesgo y no hay monitoreo a quien tiene contacto con un caso positivo.

Además de las puertas que no sellan, se cancelaron los recesos, trabajan durante 12 horas continuas en el turno nocturno y no hay equipos “espejo” como en la clínica 110 o 46, se trata de alguien quien apoya a una enfermera o médico al momento de quitarse el traje para irlo higenizando.

“A todos nos ha tocado ver morir, todos tenemos miedo”

Afectación renal, mental, deshidratación, es lo que experimentan a decir de Julia por la desorganización del personal que no atienden las jefaturas de la clínica 45.

Julia describe en exclusiva para Señal Informativa que al drama de ver morir pacientes y trabajar con miedo se suma el tener que decidir a quien intubar cuando carecen de ventiladores y se acumulan los casos que lo requieren.

En el Hospital Regional General 45 del Seguro Social, ubicado en Santa Tere, se suman el reclamo de enfermos de daño renal a quienes se les interrumpió su tratamiento por tener que atender más casos de covid-19.

Jade Ramírez Cuevas Villanueva