Guadalajara, Jalisco.

La Policía Metropolitana… otro fantasma

“Integrar, en una sola corporación a más de ocho mil elementos que antes estaban o que trabajaban cada quien por su cuenta. Hemos logrado constituir el segundo estado de fuerza de policía civil más grande de todo México”.

El inicio de la actual administración en Jalisco trajo un “borrón y cuenta nueva” en materia de seguridad. Enrique Alfaro desechó la Fuerza Única para echar a andar la Policía Metropolitana, modelo bajo el cual se intentó, otra vez, sumar los esfuerzos de los nueves municipios que conforman el Área Metropolitana de Guadalajara.

 

 

La visión de este cuerpo operativo fue consolidarse como:

“un componente primordial para lograr la paz y la tranquilidad de la sociedad”.

Y para combatir al delito también tendría tareas de investigación.

El reto era mayúsculo, pues la Policía Estatal ya había intervenido las comisarías de El Salto, Tlaquepaque e Ixtlahuacán de los Membrillos por sospechas de infiltración del crimen organizado.

Por ello, esta corporación de élite debía estar integrada por los mejores perfiles.

Pero antes de arrancar, las diferencias ya habían empañado a la Policía Metropolitana.

La primera de ellas fue en quién recaería el mando de ese grupo especial. La presidenta de Tlaquepaque, María Elena Limón, condicionó su participación en él, a que fuera el gobernador quien se hiciera cargo de nombrarlo:

“Nosotros estamos haciendo todo el proceso y las pláticas, el diálogo con el gobernador, para que él sea el que esté encabezando la Policía Metropolitana. Pero, bueno, estamos en charla”.

Además, agregó que:

“No es posible firmar un convenio de asociación y coordinación para la creación de un OPD en donde no se detallan de manera clara las aportaciones de las partes, el esquema de transferencia de recursos, tanto humanos y materiales, pero principalmente que no parte de un diagnóstico de la metrópoli, no es claro y, sobre todo, que proponga un diseño de seguridad, pero con bases sólidas y probadas. El OPD de la Agencia Metropolitana de Seguridad es un ejemplo de los pocos resultados que pueden darse bajo este esquema y mucho menos si no se tiene ya una estrategia clara, previamente trazada, donde nos digan cuál va a ser. Te mando la estructura de mando y sobre todo el modelo que se está presentando”.

En contraste, Pablo Lemus, entonces alcalde de Zapopan, hizo un llamado a respaldar el proyecto:

“Sin duda alguna debemos de ser congruentes con la posición que nos motivó a crear la Policía Metropolitana. Quiere decir coordinación y quiere decir también apoyo a los municipios que no tienen los recursos suficientes, sobre todo en equipamiento, capacitación, salarios y demás, y Zapopan va a estar apoyando en todo. Lo que quiero dejar muy claro y, sobre todo, en la forma propositiva y hacia adelante de verlo, lo que nosotros firmamos el viernes pasado es un modelo de coordinación para toda el Área Metropolitana de Guadalajara, con un mando único que estará dentro del OPD de Policía Metropolitana y que tendrá mando sobre nuestros comisarios; sin embargo, nuestras policías continuarán en el ámbito municipal”.

Al final, María Elena Limón se negó a sumarse al convenio, pero los otros alcaldes firmaron y la Policía Metropolitana nació.

El gobernador designó en agosto de 2019 al general Arturo González García como su titular, pero éste renunció por motivos personales casi dos años y medio después, y se fue con el único legado de haberse quejado del presupuesto, pues él esperaba 60 y no los 30 millones que al final se le entregaron.

Tras su salida, días después se anunció al nuevo titular: Aldo Monjardín Díaz, quien llegó con una trayectoria local, pero gris, pues en su trayectoria pesan las recomendaciones de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ) por la represión de altermundistas en la Cumbre de América Latina y El Caribe, en mayo de 2002.

Y aunque usted no lo crea, a la fecha esa instancia de seguridad no sólo existe, sino que nos ha costado más de 120 millones de pesos.

Así, con un supuesto cuerpo operativo de élite en funciones, al iniciar las nuevas administraciones las alcaldías de Guadalajara y Zapopan unieron fuerzas para armar su propio modelo de seguridad intermetropolitano, el cual está a cargo de Roberto Alarcón, lo que dejó aún más en evidencia el escaso alcance y los límites de la Policía Metropolitana, que tiene una buena intención, sí, pero escasos resultados y una pésima socialización.

Hoy por hoy, los habitantes de esta ciudad no saben los delitos de alto impacto que ha combatido, las incidencias de alta peligrosidad que ha atendido y nada acerca de los trabajos de inteligencia que en su momento se prometieron.

Hoy, la Policía Metropolitana se asemeja a una corporación fantasma.

Y si hay dudas, sólo basta con dar un recorrido por las redes sociales de la corporación, que hoy lucen descuidadas y, como la misma corporación, sin resultados. La Policía Metropolitana hoy marcha con más penas que glorias, donde los 30 millones que se invierten en ella anualmente lucen demasiado si se comparan con sus resultados.

Pero, pese a todas las estrategias de seguridad que se han expuesto, ¿qué realidad persiste? Mañana, la quinta y última parte de esta investigación especial: Guadalajara, ciudad de crimen.

Investigación especial, UDGTV CANAL 44, Víctor Manuel Chávez Ogazón e Isaack de Loza.

Lee el especial completo:

Guadalajara, ciudad de crimen.

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