Guadalajara, ciudad de crimen | Parte 2

Sean operativas o de inteligencia, las estrategias que se han emprendido en Jalisco para hacer frente al delito han quedado a deber, pues ni redujeron la percepción de inseguridad ni ayudaron a reducir la violencia.

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Guadalajara, Jalisco.

Las estrategias fallidas

Dos mil 500 soldados en Michoacán iniciaron, en diciembre de 2006, la que se convertiría en la estrategia insignia de la administración de Felipe Calderón: la “guerra contra el narco”. Los militares se instalaron en 25 bases de operaciones fijas y 67 retenes carreteros en la primera acción de Gobierno encaminada a pacificar al país: el Operativo Conjunto Michoacán.

En el ocaso de su sexenio, y con miles de homicidios a cuestas derivado de esa acción de Gobierno, el entonces presidente no sólo se mantuvo convencido de que su estrategia había sido la correcta, sino que animaba a su eventual sucesor a mantenerla activa.

“¿Qué va a pasar con la seguridad en el país? Sí, se puede, y creo que, con razón, en muchos casos, criticar la estrategia por la seguridad. Sí. Pero a final de cuentas, esta estrategia que, insisto, es integral: combate a los criminales, reconstrucción de instituciones y reconstrucción del tejido social, ¿va a seguir o no? ¿Van a seguir luchando contra los criminales, o no? ¿Van a reconstruir las instituciones y forzando a quienes no las han reconstruido todavía, o no?”.

Diez años después de concluido su sexenio, y con una realidad trastocada en un México que registra un homicidio cada 15 minutos en promedio, la ola expansiva de la “guerra contra el narco” ha dejado serias cicatrices en cada rincón de la república. Pero si hay un caso excepcional, ése es Jalisco.

Jalisco, y la segunda ciudad de mayor importancia en el país: Guadalajara.

En esta Entidad, emblemática y tradicional por naturaleza, la semilla del crimen organizado fue sembrada desde hace décadas. Del cártel de Guadalajara al cártel Jalisco Nueva Generación, la violencia ha fluido a raudales y crecido exponencialmente. En contraste, la reacción del Estado ha ido más bien en función de los embates que recibe.

Sean operativas o de inteligencia, las estrategias que se han emprendido en Jalisco para hacer frente al delito han quedado a deber, pues ni redujeron la percepción de inseguridad ni ayudaron a reducir la violencia.

“Quiero decirles que esto lo estamos haciendo para que el Estado sea un Estado seguro, atractivo. Si es un Estado seguro y atractivo vamos a atraer más inversiones”.

Para 2014, la administración estatal decidió echar a andar un grupo élite operativo que bautizó como Fuerza Única Jalisco, mismo que dividió en un área de reacción metropolitana y otra regional. En los cinco años que estuvo activo, el Estado invirtió casi dos mil millones de pesos en él, pero en el cambio de sexenio el gobernador Enrique Alfaro viró el timón y lo descontinuó.

¿Qué podría salir mal si en un solo ente aglutinas la Policía, la Procuraduría de Justicia y los agentes viales? Pues el ex gobernador Aristóteles Sandoval lo intentó, pero sólo durante sus primeros dos años.

Después de ello retiró a la Policía Vial de la fórmula y, sin embargo, la “súper Fiscalía” cuyo primer titular fue Luis Carlos Nájera, recibió casi 36 mil millones de pesos en el sexenio pasado. Esta administración también cambió de dirección y le restó poder a esa dependencia.

Tras mil millones de pesos erogados en él, y con una gran cantidad de críticas a cuestas, el sistema de videovigilancia Escudo Urbano C5 fue la apuesta para detectar el delito en tiempo real y reducir la incidencia.

La promesa fue que la tecnología permitiría no sólo alertar ante detonaciones de armas de fuego, choques o eventos de alto impacto, sino que su lector de placas alertaría sobre autos con reporte de robo para recuperarse de inmediato. Pero la promesa no se cumplió y, por el contrario, los reportes por fallas en las cámaras son constantes.

Esas son sólo tres de las estrategias que iban a cambiar el rumbo de la seguridad en Jalisco, pero se quedaron en el intento. Y no son las únicas.

También se apostó por acotar al delito con inteligencia a través de una Agencia Metropolitana de Seguridad que recibió 36 millones de pesos en dos años, pero cuyas tareas nunca fueron claras. Y otro intento por frenar al delito es la Policía Metropolitana, que estructuralmente no ha tenido ni orden ni visión claras.

Pero de esas les hablaremos en las próximas entregas de este trabajo especial: Guadalajara, ciudad de crimen.

Investigación especial, UDGTV CANAL 44, Víctor Manuel Chávez Ogazón e Isaack de Loza.

Lee el especial completo:

Guadalajara, ciudad de crimen.

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