política de vivienda
Imagen: UDGTV
Guadalajara, Jalisco.

El 6 de mayo de 2011, el entonces presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, presidió la asamblea número 100 del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores: el Infonavit, y enfocó su discurso a enaltecer la política de vivienda de su antecesor, Vicente Fox Quezada, a la que él le dio seguimiento.

Uno de los datos que compartió para avalar su “éxito” fue que uno de cada 10 mexicanos ya habitaba una casa de interés social.

“En esta década, el Instituto ha dado cuatro de los seis millones de créditos entregados en sus casi 40 años de vida; esto significa que, en 10 años, 16 millones de mexicanos han cumplido su sueño de tener su propio hogar, un espacio donde los niños crecerán y donde conviven todos los miembros de la familia”.

En 2011, cuando se cumplía una década de esa política de vivienda, Calderón Hinojosa destacó que el Infonavit había llegado a seis millones de viviendas financiadas. Diez años después, el Censo de Población y Vivienda del Inegi contabilizó el mismo número de inmuebles abandonados en el país.

La realidad es que los desarrollos inmobiliarios que antes fueron vendidos como la promesa de un patrimonio se han convertido en un problema social.

El académico de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Daniel González Romero, aclaró que esta política de vivienda atendió, en su momento, lineamientos dictados por ONU Hábitat.

De las seis millones 155 mil viviendas que hoy están abandonadas en México (y que equivalen a una de cada 10: lo mismo que en su momento prometió el ex presidente Calderón), 451 mil se encuentran en Jalisco. Es decir: 7.3 % del total, lo cual la convierte en la tercera Entidad con esta problemática.

El primer lugar es el Estado de México, con 611 mil, y el segundo Veracruz, con 476 mil.

Ante esta realidad, el también director del Instituto de Investigación y Estudios de la Ciudad del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) advirtió que el desarrollo vertical tampoco será la solución, por estar sujeto a los intereses del capital y la nueva realidad.

El profesor investigador expuso que los problemas no sólo se van a resolver con planeación urbana.

Daniel González Romero consideró que, tras los fracasos de planear para lo que queremos y no lograrlo, es momento de planear para lo que no queremos y tal vez sí se alcance el éxito.

Sin embargo, esto implicaría quitarles la autonomía a los municipios, los usos de suelo de su territorio y, con ello, se podría frenar el caos en el manejo territorial para que haya regiones integradas en proyectos comunes, lo que hoy simplemente no existe y nos ha legado estos nuevos fraccionamientos que, más que un sueño de vivienda y desarrollo, se han convertido en caos y un sinnúmero de problemas sociales.

Georgina García Solís

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