Fotografía: Adriana González / Prensa UdeG
Guadalajara, Jalisco.

Elsa Aguirre, actriz homenajeada con el Mayahuel de Plata a la trayectoria en la edición 36 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), conversó con el crítico de cine Silvestre López-Portillo dentro del catálogo de clases magistrales de este año. Le confesó que, aunque siempre disfrutó su profesión y estuvo convencida que nació para actuar y dedicarse a las artes, nunca se sintió libre en el cine y nunca pensó que sería una artista.

“Así sucedió mi vida Y yo sin pensar en ser artista, no estuvo en mi mente. Ni famosa, ni dinero. Lo que en lo interno quería era la palabra libertad, libertad. O sea, a lo mejor yo vivía como un poco esclavizada, vaya usted a saber, es que es increíble el proceso la evolución que tenemos, el incansable estar para conocernos y saber verdaderamente quiénes somos”.

Comenzó a filmar películas cuando apenas era adolescente. Vivía la realidad a través de sus personajes porque su vida fuera del set era otra, la de una mujer tímida, introvertida, en parte, dijo, por una infancia que estuvo rodeada de pobreza y una crianza totalmente patriarcal, que junto con no haber estudiado más allá de la primaria, la llevó a tener matrimonios en los que nunca pudo sentirse realizada y buscar, a los 29 años, un vuelco a su vida y tomar las riendas de su destino, aunque eso implicara su renuncia a las pantallas.

Elsa Aguirre también admitió que le hubiera gustado filmar La Cucaracha al lado de María Félix, aunque entre ellas siempre hubo una ríspida relación por diferencias notables en sus personalidades. A lo largo de su carrera protagonizó más de 30 cintas y los últimos 55 años ha dedicado su tiempo a la práctica del yoga, una actividad en la que encontró la libertad que le falto en el cine.

Celia Niño

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