Fotografía: EFE/Lenin Nolly
Washington, Estados Unidos.

Cada minuto cuenta para las clínicas que practican abortos en la mitad conservadora de Estados Unidos, decididas a mantener su actividad todo el tiempo posible mientras esperan una decisión del Tribunal Supremo de la que depende su futuro.

La filtración este mes de un borrador de sentencia del Supremo que revocaría la protección constitucional al derecho a abortar en EEUU ha imprimido un sentido de urgencia a las operaciones de esos centros de salud, que en muchos casos llevan años preparándose para una decisión de ese tipo.

“Sabíamos que podía llegar el día en que el aborto seguro y legal quedaría diezmado en nuestro país, y ahora estamos ante esa realidad”, dijo la presidenta regional de la organización Planned Parenthood en cinco estados del norte del país, Sarah Stoesz.

Si el Supremo deroga el precedente que legalizó el aborto a nivel nacional en 1973, cada estado será libre de prohibir o garantizar ese servicio médico, y se espera que 26 estados liderados por conservadores restrinjan la interrupción voluntaria del embarazo.

Trece estados tienen incluso leyes diseñadas para prohibir el aborto prácticamente de inmediato en cuanto el Supremo revoque el fallo de 1973, conocido como “Roe versus Wade” y que garantiza ese derecho hasta alrededor de las 23 semanas de gestación.

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