Fotografía: CLAUDIO CRUZ / AFP.
Ciudad de México, México.

Casi todas las noches, César y su esposa deben salir de su departamento por el fuerte olor a gas que se genera en un inmenso cementerio de tanques de ese combustible en Ciudad de México.

Además de afectar su calidad de vida, temen que el gas licuado de petróleo (LP, de uso doméstico) que escapa de los cilindros cause una explosión o los enferme.

“Es tan fuerte en las noches el olor, tan insoportable, que pareciera que la estufa está mal cerrada”, comenta César Rivera, de 37 años, afuera de su edificio.

Imágenes aéreas muestran la acumulación de miles de viejos tanques multicolores en una antigua refinería de la estatal Pemex, rodeada de barrios populares en el oeste capitalino.

Fotografía: CLAUDIO CRUZ / AFP.

Las bombonas, con capacidad de 20 a 30 kilos y expuestas por estos días a altas temperaturas, acentúan la imagen de abandono de la planta 18 de Marzo, en desuso desde 1991.

“La administración del edificio nos ha pedido que no se fume, que no se usen los quemadores de la estufa cuando el olor es más fuerte. Nos ha modificado completamente la vida”, añade César junto a vecinos inconformes con el depósito.

Este programador web dice que padecen este problema desde hace ocho meses, pero recién en enero supieron que el olor provenía del otrora complejo petrolero.

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