Fotografía: Cortesía. Diseño: Roberto Medina
Guadalajara, Jalisco.

La relación entre los Gallos Blancos de Querétaro y los Zorros del Atlas siempre ha sido ríspida. La afición de ambos equipos se ha confrontado en diversas ocasiones, pero el recelo incrementó desde que, en 2007, los rojinegros incidieron en que el equipo queretano descendiera de la primera división del futbol nacional.

Fue en el partido de la jornada 17 del torneo Clausura, cuando el Atlas se impuso 2-0 contra sus rivales de Querétaro. El jugador uruguayo Nicolás Olivera anotó en dos ocasiones y los atlistas en casa sacaron un gran triunfo, mientras que el rival blanquiazul se quedó con una amarga derrota que lo sacó de la tabla.

Sin embargo, esa no fue la primera ocasión en la que los Gallos Blancos salieron del listado de equipos de primera. Años antes ya había ocurrido, y el mismo Atlas colaboró con el descenso. Eso fue tomado por los aficionados de la “Resistencia”, la barra queretana, como una burla.

Desde entonces, cada encuentro entre ambas escuadras genera un clima de tensión. Los insultos y empujones son una realidad, tanto en el Estadio Corregidora como en el Jalisco. Sin embargo, no había llegado a un escenario como el de este fin de semana.

Las barras de los equipos son, en la teoría, grupos de animación que se encargan de levantar la confianza de los jugadores que portan la camisa que defienden. En Argentina se les llama “hinchas”; en Europa son las “ultras”; en Brasil se les llama “torcidas” y regularmente reciben un apoyo por parte de las directivas, que consiste en camiones para traslados y alimentos.

La primera barra en México nació en 1996, hace 26 años, y fue la del Pachuca: “La Ultra Tusa”.

Andrés Fassi fue quien “importó” el esquema argentino. Su argumento fue simple: conformar un grupo organizado que alentara al equipo, después de que el Pachuca perdió la final de la extinta primera división A ante los Toros del Celaya, partido al que, por cierto, muy pocos aficionados acudieron a apoyarlos.

La “Ultra Tusa” funcionó. Levantó la moral del equipo y puso la muestra a otros equipos que decidieron contar con su propia barra.

Así, hoy en el América está “La Monumental”; Chivas presume a “La Irreverente”; Atlas cuenta con “La Barra 51”; Pumas es animado por “La Rebel” y a Tigres le cantan los “Libres y Lokos”.

Pero México no es el único país que resiente los problemas con las barras. El país más recordado por este tema, y que lo erradicó de tajo, fue Inglaterra, con sus “Hooligans, que tocaron fondo en 1989 tras generar una de las tragedias más recordadas en la historia del futbol británico, cuando el 15 de abril 97 personas murieron aplastadas durante la semifinal de la Copa de Inglaterra en la ciudad de Sheffield.

El suceso tuvo lugar durante el partido entre el Liverpool y el Nottingham Forest, correspondiente a las semifinales de la Copa de Inglaterra.

Las personas murieron aplastadas porque la mayoría de los estadios en Reino Unido tenía un sistema de vallas diseñado para que el público no entrara a la cancha. Y la razón era la violencia que habían causado los “Hooligans”.

Esto llevó a las autoridades a erradicarlos de los estadios.

Para lograrlo, se crearon leyes contundentes para penalizar a la violencia en la cancha. Entre ellas, se dieron 35 cadenas perpetuas y se creó una lista de unos cinco mil ultras con prohibiciones de acceso.

Además, los clubes de Inglaterra formaron grupos llamados ‘Stewards’, a los que especializaron en el manejo de masas. Se unificaron los criterios de seguridad en cada partido y se solicitaba, para entrar a los estadios, un carnet de no antecedentes penales.

Jesús Alejandro Sánchez Navarro

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