Fotografía: EFE/Joédson Alves.
Guadalajara, Jalisco.

Las becas del gobierno federal para estudiantes de bajos ingresos ¿promueven la movilidad social?

Con base en esa pregunta el Centro de Estudios Espinosa Yglesias realizó el estudio Reporte sobre Movilidad Social Educativa 2020 y concluyó que en el caso de las becas para el bienestar “Benito Juárez”, dirigidas a primaria y secundaria, sí tienen impacto distributivo, pues se concentran en 30% de la población con menores ingresos.

Sin embargo, las becas para estudiantes de preparatoria, como la beca “Jóvenes Escribiendo el Futuro”, favorece a los estratos más altos, informó la investigadora del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, Mariana Becerra.

“En particular, mejorar la calidad de la enseñanza, dando un seguimiento puntual a los estudiantes que se rezagan, genera efectos más sólidos en la movilidad educativa que transferir dinero a los hogares. La política pública de transferencia de ingresos podría mejorar, más no resolver el desempeño de quienes se encuentran en el sistema educativo público reduciendo la desigualdad de oportunidades aunque de forma modesta”.

Además agregó que:

“Las becas deben ir acompañadas de otros tipos de programas que reduzcan la brecha educativa existente, sobre todo, mejorar la infraestructura de las escuelas y la calidad de su enseñanza”, precisó.

De esta forma, la especialista expresó que las becas gubernamentales de apoyo a los estudiantes de bajos ingresos, no garantizan que los alumnos logren superar su nivel de pobreza social y académica, ya que se requiere de un apoyo integral que incluya infraestructura de las escuelas y mejoramiento de la enseñanza.

Un niño que nació en un estrato social alto tiene casi seis veces más oportunidades de ingresar a la educación media superior que un niño que proviene del estrato socioeconómico más bajo.

Con la pandemia, esa brecha se hizo más pronunciada.

Sin duda, establece el estudio, las compensaciones son importantes para mejorar la movilidad social. Sin embargo, se requiere ir más a fondo e invertir más recursos en mejorar la infraestructura de las escuelas antiguas, algunas con 30 o 40 años de existencia.

Ignacio Pérez Vega

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