Fotografía: María Ramírez Blanco.
Guadalajara, Jalisco.

Han transcurrido ocho años desde que el Mercado Corona, en Guadalajara, ardió en llamas por última vez y consumió todo: los muros, el techo, y las esperanzas de quienes vieron volar su patrimonio en cenizas.

Para los comerciantes, los años no han pasado, y tampoco el refrán de “el tiempo lo cura todo” es verdad. Es decir, día con día recuerdan lo perdido y lo que no ha logrado crecer de los escombros.

Ma. Trinidad Muñóz, locataria del Mercado Corona, comentó:

“Y no nomás para mí, para mucha gente que se murió esperanzada a que le dieran un buen lugar, porque sí hubo mucha gente que se murió viendo el lugar que le tocó”.
A la fecha, los comerciantes pagan los estragos de las decisiones que el Gobierno de Guadalajara tomó en 2014 para “revivir el Mercado Corona”.

La reubicación de los locales que estaban en el primer piso, para el segundo, es la mayor afectación para los comerciantes. A raíz de esa situación, algunos tuvieron que dejar su negocio porque las ventas no eran las mismas y, por ende, ya no podían pagar la renta del local.

Gilberto Hernández Solís, locatario Mercado Corona, dijo:

“Volvemos a lo mismo: la persona que no vende pasa por aquí, la entrada principal, y cuando le preguntas cómo te fue, dice ‘no vendí nada’. Diario tienen que recordar que el Gobierno hizo mal las cosas”.

Antes del incendio, los comerciantes vendían hasta tres mil pesos por día; hoy, lo más que obtienen son 400.

Para los comerciantes, el incendio del 5 de mayo de 2014 sigue vivo. Lo saben cuando ven la soledad que abraza los pasillos, y lo sienten porque aquel lugar al que antes llamaban “casa”, ahora es ajeno para ellos.

Gilberto Hernández Solís:

“Antes, el mercado estaba dividido en dos pisos, pero todos nos conocíamos. Había más entradas en el mercado, ahora las barras son más grandes, eso hace que ya no veas a tu vecino. Entonces, ya nos conocemos todos”.

María Ramírez Blanco

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