Fotografía: EFE/Mario Guzmán.
Guadalajara, Jalisco.

Este padecimiento, reconocido ya por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad, es más común de lo que se piensa. Se considera que cuatro de cada 10 personas que han sido contagiadas por COVID-19 sufren de Covid Prolongado y no necesariamente fueron pacientes graves.

Hay médicos, y sobre todo pacientes, que afirman que, a pesar de cursar una enfermedad leve pasajera, las consecuencias del Covid prolongado o “long covid” pueden no ser tan gratas a futuro. Así lo explica el coordinador y fundador del colectivo Covid Persistente, César Manuel Lepe Medina:

“El mero hecho de que no se dé a conocer que hay síntomas persistentes después de la fase aguda hace que muchos pacientes no correlacionen lo que están viviendo en estos momentos con el COVID-19 persistente, y la ausencia de protocolos establecidos por las instituciones de salud tampoco hace que esto derive en un diagnóstico que pudiera ayudar a los pacientes. Hay muchos compañeros y compañeras que han asistido, por ejemplo, al IMSS, el médico de primera instancia receta terapia y paracetamol, pero hay problemas de inflamación cardiaca, de hígado, hay problemas renales, hay problemas en el sistema nervioso central y no tenemos acceso a un equipo multidisciplinario en hospitales de primer nivel en donde nos puedan hacer abordaje multidisciplinario, que es lo que demanda el COVID-19 persistente. Ahora, vale la pena mencionar que ya es una enfermedad clasificada y tipificada por la OMS, no es un invento del paciente. La OMS ya la ha reconocido como una enfermedad y una vez que se clasifica y se caracteriza, la insistencia es que los gobiernos empiecen a invertir en investigación para poder tratar a los pacientes, pero también readaptar sus sistemas de salud para poderlos atender y eso no ha sucedido”.

Ante la falta de información y de que las autoridades y la comunidad médica poco habla del  COVID-19 persistente es que nació el Colectivo Covid Persistente México, que ya cuenta con más de seis mil miembros de todo el país. Insistió en que se debe ver como una enfermedad multisistémica y no sólo respiratoria, ya que no solo afecta a los pulmones, sino también a múltiples órganos.

Los síntomas cuando se está cursando el Covid-19 pueden modificarse entre una persona y otra. Si bien es cierto que diferentes estudios demostraron que la enfermedad causada por la variante Ómicron suele ser más leve que la provocada por la variante Delta, ya se cuentan por miles los pacientes con COVID-19 persistente que están viendo su calidad de vida mermada, e incluso en algunos casos hasta incapacitantes.

Las formas graves del COVID-19 prolongado pueden dañar no sólo los pulmones, sino también el corazón, los riñones y hasta desencadenar enfermedades autoinmunes. También afectar la salud mental, problemas de memoria, cognitivos e incluso al grado de llevarlos a una incapacidad.

Un estudio en España reveló que 24% de los pacientes reportó que, durante los meses posteriores a la enfermedad, desarrollaron problemas como la pérdida de memoria, dificultad para desarrollar más de una actividad a la vez, problemas para procesar información de manera rápida y complicaciones para prestar atención.

El primer problema reportado tiene que ver con el almacenamiento de nuevos recuerdos, o memoria a corto plazo. Uno de cada cuatro pacientes indicó sufrir este síntoma. El segundo síntoma reportado fue la pérdida de memoria en general.

Otros problemas documentados, aunque son menos frecuentes, implican una deficiencia en la velocidad para procesar ideas y dificultades para iniciar, planificar, organizar y emitir juicios, así que todo apunta a que la variante Ómicron, aunque resulta menos letal, también deja tras de sí un arriesgado rastro de COVID-19 persistente.

Rocío López Fonseca

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