Fotografía: Ignacio Pérez.
Guadalajara, Jalisco.

El ilustrador chileno Alberto Montt se definió como un “contador de historias”. Así se presentó en el salón Juan Rulfo de la FIL, en el encuentro “Mil Jóvenes con…”, a quienes les platicó cómo fue que se introdujo en el mundo literario, pero desde la ilustración.

Montt ha publicado dos libros con sus viñetas. Uno de ellos se basa en las publicaciones que popularizó en su blog, a las que tituló como “dosis diarias”. A poco de empezar la charla, Montt les preguntó a los jóvenes cuántos conocían su trabajo.

Fueron más los que dijeron que no y ahí fue cuando contó su trayectoria desde pequeño y dijo que abrevó en las historietas de Condorito, de Kalimán, de Mafalda y en los cuadernos “Atalaya”, que regalan los Testigos de Jehová, las cuales le acercó su padre en una ranchería de Ecuador, donde nació y donde vivió de pequeño.

“Estas viñetas en un principio eran solamente un ejercicio personal de encuentro conmigo mismo y de reencuentro con la ilustración, pero eventualmente se volvieron bastante conocidas y muy compartidas en redes sociales; es decir, que cada vez más y más gente entraba a ver lo que yo hacía, sino que además se las entregaba a otra gente cercana a ellos y por lo tanto comenzó a formarse una especie de gran telaraña”, explicó.

La plática fue poco a poco atrapando a los estudiantes de preparatoria, a quienes les confesó que él quería estudiar biología marina. Sin embargo, como el curso tardaría seis meses en comenzar, su mamá lo inscribió en diseño gráfico para que no perdiera el tiempo.

“Ser ilustrador para mí era el poder tener una idea, el poder reproducirlo en forma gráfica y que esa idea llegue lo más claramente posible a otro grupo de personas. ¿Pero qué significa esto? Porque muchas veces la gente, nosotros, creemos que la ilustración tiene que ver directamente con el dibujo y eso para mí es falso, o por lo menos, si no falso, un tanto equivocado. ¿Por qué? Porque uno puede comunicar ideas a través de otros recursos que no necesariamente tiene que ver con el dibujo. Hay gente que hace collage, otros usan la fotografía. La gente que hoy hace memes está comunicando ideas, incluso con recursos visuales que no son de ellos mismos”, señaló.

A lo largo de una hora y media de diálogo, Montt logró conectar con los estudiantes, a quienes hizo reír y en pago le ofrecieron una ovación final. Quienes no conocían su trabajo comenzaron a buscar en sus teléfonos celulares las viñetas que ha publicado también en el periódico El Mercurio y la revista Black.

Ignacio Pérez Vega

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