Hospital Geriátrico Jalisco
Fotografía: Gobierno de Jalisco - Twitter
Guadalajara, Jalisco.

A pesar de que Jalisco cuenta con un Hospital que fue construido para atender a adultos mayores como una promesa presidencial, y de que ya han pasado cuatro años de la actual administración estatal, este nunca ha funcionado como tal y sólo tiene el nombre de Hospital Geriátrico.

En marzo de 2013, el entonces presidente Enrique Peña Nieto prometió recursos para construir el primer Hospital Geriátrico en el país, y éste se ubicaría en Jalisco.

Así, pasaron los meses y nunca se informó dónde sería construido.

La Secretaría de Salud levantó la mano para que dependiera de ella, aunque también los Hospitales Civiles de Guadalajara hicieron lo propio.

Al final se anunció que el recurso para su construcción llegaría a principios de 2014, con la meta de terminar la obra en 2017. Pero eso no ocurrió sino un año después.

Su construcción se proyectó al lado del Hospital General de Occidente, conocido como Zoquipan, donde se encontraba el auditorio y parte de estacionamiento del complejo de salud.

En mayo de 2016, cuando se puso la primera piedra, se informó que el inmueble costaría 280 millones. Al final, esa cifra se disparó a casi 425 millones de pesos.

El hospital, que también contaba con un helipuerto, fue inaugurado en noviembre de 2018 con casi 100 camas. En ellas se proyectaba atender a más de 183 mil adultos mayores, pero ese centro médico nunca ha cumplido con su propósito.

Tal fue la crisis, que justo un día después de su inauguración, el hospital fue cerrado porque tenían detalles pendientes:

No tenía gases medicinales, la ventilación era insuficiente, las puertas de las habitaciones son más angostas que lo marcado en la norma, no había agua caliente en urgencias y la planta de luz no era la indicada para soportar las necesidades de esa enorme infraestructura.

Así, desde esa fecha ha funcionado a medias, parchado y utilizado para varios servicios que han hecho crisis, como el desborde de casos de dengue grave que requerían hospitalización. Ahí fueron acondicionados espacios.

También se aprovechó el inmueble ante la emergencia obstétrica que se vivía en el Estado, por lo que se acondicionó una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Incluso, tuvieron que tumbar los arcos de las puertas porque no cumplían con las especificaciones para que las camillas pudieran atravesarlas, siendo de tamaño regular.

Ya durante la pandemia, el Hospital Geriátrico fue usado como área COVID-19.

Este enorme elefante blanco está tan mal hecho que, en febrero de 2019, la entonces directora del Organismo Público Descentralizado Servicios de Salud, Consuelo Robles, reconoció que se requerían mil millones de pesos para echar a andar al 100 por ciento el Hospital Geriátrico. En ese momento trabajaba a su mínima capacidad.

Y aunque ya han pasado casi cuatro años, este hospital sigue sin servir para lo que fue construido: atender de manera integral a los adultos mayores de Jalisco.

Actualmente, el área de urgencias, adultos y pacientes sospechosos de COVID-19 se ubica en la planta baja. En el siguiente piso están los hospitalizados y hay un solo quirófano. También hay consultas de algunas especialidades como urología, neurología, del dolor, entre otras, y se encuentra también el auditorio de usos generales.

El helipuerto no ha sido utilizado más por el Sistema de Atención Médica de Urgencias (SAMU) porque, a decir de trabajadores, no es seguro debido al material desprendido que hay en la azotea y que con las lluvias y falta de mantenimiento ha empeorado.

Además, los trabajadores están preocupados porque recientemente llegó un equipo de Rayos X para ser instalado en un área cercana a consultorios y a urgencias, pero el inmueble no tiene las condiciones físicas para albergar y usar de manera segura este equipo, ya que las paredes y pisos deben contar con protecciones para la radiación que emite. Y, como un triste colofón, este hospital no tiene tampoco los permisos para su uso.

Así, la historia del Hospital Geriátrico de Jalisco, un núcleo médico de 425 millones de pesos que, cuatro años después, está subutilizado y lleno de parches.

Rocío López Fonseca

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