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jueves, noviembre 26, 2020

Damnificados por L3. La construcción de esta obra provocó afectaciones y daños a miles de tapatíos. En Alcalde Barranquitas sufrieron inundaciones con aguas negras.

La historia de la construcción y las afectaciones ocasionadas por la Línea 3 del Tren Ligero de Guadalajara comenzó en 2013 para los habitantes de la ciudad. A muchos vecinos la noticia les llegó en forma de un folleto que anunciaba que muy cerca de sus casas comenzarían las obras. Las máquinas que exploraban el subsuelo se montaban en plazas públicas y avenidas importantes de Guadalajara, como Alcalde y Ávila Camacho, y anunciaban el desorden de lo que vendría después.

 

Sin saber muy bien de lo que se trataba, poco a poco comenzó el proceso de comunicación. Voceros y funcionarios del gobierno les advirtieron a los vecinos que la obra más importante de las últimas tres décadas en la ciudad tardaría tres años en concluirse y que la apuesta valía la pena, pues los años de prosperidad serían más que los de construcción. Así, por ejemplo, lo repetía constantemente el entonces gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz.

 

Tras cinco años de construcción, el nuevo tren todavía no llega a Guadalajara y parece atascado en alguna parte del camino. La construcción ha llevado casi el mismo tiempo utilizado para construir el túnel que cruza el Canal de la Mancha, y que funciona para enlazar Europa con el Reino Unido. La diferencia es que en siete años, los europeos unieron dos países divididos por 34 kilómetros y un océano.

 

En la ciudad tapatía, el trazo de la Línea 3 es de 21 kilómetros entre estaciones subterráneas y viaductos elevados. Con 24 meses de retraso al día de hoy, no hay un horizonte claro de cuánto tiempo resta para que comience a operar.

La construcción se ha convertido, en la práctica, en una tragedia para miles de tapatíos. En poco más de 65 meses de trabajo, familias enteras tuvieron que mudarse porque sus viviendas o negocios quedaron inservibles tras el paso de la maquinaria. Áreas comerciales tradicionales quedaron desmanteladas, edificios con valor patrimonial resultaron dañados y colonias donde jamás habían ocurrido inundaciones se vieron de pronto invadidas por las aguas negras. Accidentes con la maquinaria han ocurrido y se han contabilizado tres pérdidas humanas de trabajadores.

 

Al comenzar las actuales administraciones municipales, los alcaldes metropolitanos encontraron una obra inconclusa llena de problemas. Ismael del Toro, alcalde de Guadalajara, y otros de sus homólogos, se fijaron como una de sus prioridades adelantar las gestiones para que el gobierno federal se comprometiera a aportar los 4,500 millones de pesos que, confió, permitieran concluir la obra al finalizar 2019, lo que todavía no se ha confirmado.

 

El manejo de las aguas y los suelos ha sido un factor clave asociado no solo a los retrasos sino a las secuelas generadas por las obras en la ciudad, como inundaciones y accidentes con maquinarias, según expertos consultados para este reportaje. Antonio Gómez Reyna, académico de la Universidad de Guadalajara, relató que antes iniciar las obras, la División de Ingenierías de la institución, de la que él era director, realizó estudios en avenida Revolución, por donde corre el Viaducto 2. Concluyó que por las condiciones del suelo el tren debía ir en superficie y no elevado, como finalmente se decidió.

 

Hoy, la evidencia demuestra que las empresas que ejecutan las obras desconocían el comportamiento de las corrientes de agua en el subsuelo y, por ejemplo, tuvieron que rescatar una retroexcavadora que se hundió más de 12 metros en mayo de 2019.

 

“El argumento es que encontraron suelos atípicos, pero no hay suelos atípicos. Lo que es atípico es que no hagan los estudios”, afirmó Gómez Reyna. Para tratar de remediar el problema, añadió, lo que han hecho es bombear el agua para arrojarla al drenaje. Como consecuencia, se cambia la estructura del suelo y la resistencia, lo que trae consecuencias en la superficie.

 

Vidas desplazadas

 

Decenas de vecinos recibieron en 2014 a las primeras cuadrillas de funcionarios públicos que anunciaron las obras a iniciarse en la proximidad de sus casas y que prometían que las viviendas valdrían más dinero gracias a la cercanía del tren ligero. En los folletos que se repartían en las calles se mostraban las propuestas conceptuales del medio de transporte masivo con un atractivo diseño “a todo color”.

 

“Llegaron y nomás nos dijeron que iban a construir el tren. Nos dijeron que iba a ser una obra rápida, que no se tardarían”. Adela Chavoya se convirtió en la representante vecinal de las personas que viven sobre la calle Pedro Loza de la colonia de Alcalde Barranquitas, en el centro tapatío. Sin planearlo, sus vecinos la convencieron de que fuera la voz que reclamaba los imperfectos que se presentaron en un lustro, tiempo que ha durado la obra civil.

 

Chavoya se convirtió en la fiscalizadora de los errores y omisiones de las autoridades. De memoria sabe todos los desperfectos que han ocurrido en este periodo y en las calles de su colonia. Cuatro de sus vecinos dejaron sus viviendas, pues los daños ocasionados por el brote de aguas negras que inundaron más de un metro sus casas, los orilló a vender sus fincas a una tercera parte de su valor.

Según sus propios registros, un total de 22 casas tienen daños estructurales. Por primera vez en mucho tiempo, el temporal fue un dolor de cabeza: 18 inundaciones provocadas por un sistema de drenaje que no fue cambiado y que, por la acumulación de material en las alcantarillas, resultó obsoleto. De acuerdo con el supervisor de la obra, Rodolfo Trillo Padilla, el conteo que él hizo sumaban más de 170 casas afectadas.

 

El agua sucia brotaba de los baños y las regaderas en cada ocasión que llovía. Inundaciones que estropearon sillones, colchones y refrigeradores. Sólo hubo dos indemnizaciones por parte del Ayuntamiento de Guadalajara que, según los vecinos, resultaron insuficientes. “Nunca en la historia de esta colonia nos habíamos inundado. Hay gente que tiene más de 40 años viviendo aquí y fue la primera vez que vieron que las aguas negras inundaron su casa”, dijo Chavoya.

 

Luego de las inundaciones severas que se presentaron en la zona de Alcalde Barranquitas, en 2018, entre las estaciones La Normal y Santuario, la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco envió el comunicado 76/2018 para señalar que existía la presunción de afectación al proyecto de vida y a la identidad comunitaria de los vecinos.

 

Su titular, Alfonso Hernández Barrón, anunció que documentarían las afectaciones, “para que se realicen los planteamientos que permitan una reparación integral del daño”.  Un año después del boletín, la recomendación del organismo no ha sido emitida formalmente. Un paso burocrático necesario para resarcir el daño por tres autoridades inmiscuidas: el gobierno federal como financiador de la obra, el gobierno estatal como supervisor y el gobierno municipal como encargado de la gestión del territorio.

 

De acuerdo con el Análisis Costo-Beneficio y el proyecto integrado en la Cartera de Proyectos de la Secretaría de Hacienda, la Línea 3 comenzaría a operar en 2018. Desde entonces, su culminación ha sido postergada más de una decena de veces por las diferentes deficiencias encontradas.

 

El director del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan), Mario Silva, señaló que durante los cinco años que duró la obra hubo un costo social y simbólico para la ciudad, ya que los habitantes tuvieron que modificar sus hábitos de movilidad.

 

El daño más importante, consideró, es el que se causó en zonas que quedaron inactivas durante ese periodo y que afectaron a comercios. Aunque los gobiernos municipales dieron incentivos, no son suficientes, por lo que una vez que la obra esté terminada se tendrá que encontrar mecanismo para resarcir lo más posible el daño.

 

Los comercios afectados 

Una estimación de más de 500 millones de pesos en pérdidas, 22 mil comercios afectados, 216 establecimientos cerrados y decenas de miles de empleos perdidos es el saldo que ha dejado el lustro que llevan las obras de construcción de la Línea 3. Los números son apenas una muestra de lo que ha documentado la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara, organización que aglutina a los comerciantes establecidos.

 

Quizá la zona afectada más emblemática es la Avenida Revolución, entre la Calzada Independencia y la Avenida Juárez, en el centro histórico tapatío. Rubén Ibarra, representante de los comerciantes “que quedan”, recuerda que la avenida comercial era “de tres carriles. Había hotel, un centenar de locales abiertos como éste, donde estamos”. Sus ex vecinos quebraron, se reubicaron o se fueron. Él vende llantas y hules para muebles. Subsiste porque su predio tiene dos entradas, el de avenida Revolución, que prácticamente lo utiliza como oficina; y el de la calle paralela a Revolución, llamada Ferrocarril.

 

La avenida Revolución es un fantasma. Tanto, que en Google Maps ya es imposible localizarla en el tramo que va de las avenidas 16 de septiembre a la Calzada Independencia. Como si no existiera más. Con el paso peatonal restringido y la soledad de sus andenes; el olor a orines y las muestras de excremento en la calle son constantes. “Así nadie se arrima para acá”, dice Rubén. Hasta el momento no existe una cifra total de los empleos que se perdieron por la obra.

 

El ambiente devastado

Otra promesa incumplida fue el cuidado del medio ambiente a lo largo del trazo de la L3. En total fueron 3,133 árboles talados o derribados para colocar los pilotes que sostienen las vías de la Línea.

 

Sin saber con certeza cuáles árboles derribar y cuáles trasplantar, el gobierno del estado tardó 18 meses en concluir el plan integral de manejo del arbolado urbano. Esto ocasionó talas injustificadas.

 

Sin embargo, la promesa de sustituir, trasplantar y reforestar adecuadamente, no se cumplió. De acuerdo con un reporte de la Dirección de Desarrollo Ferroviario y Multimodal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), se debió compensar con la plantación de 11,172 ejemplares, pero solo se colocaron 8,306. Lo anterior fue documentado por diario local El Informador en agosto de 2019.

 

Además del impacto en el clima de la ciudad, también se vio afectado el paisaje. Para muestra un botón: la avenida Laureles, en Zapopan sólo conserva el nombre, pues la masa arbórea fue retirada casi en su totalidad. Donde antes hubo árboles para nombrar a esa avenida, hoy se ubica el Viaducto 1, que va de Zapopan a Guadalajara.

La curva y el Viaducto. La obra ocasionó el derribo de más de tres mil árboles y alteró el paisaje a la largo del trazo de Línea 3. Foto: Alfonso Hernández.

El escombro resultante de las excavaciones fue otro problema atendido deficientemente. Se calcula que se extrajeron un millón 700 mil metros cuadrados, que podrían llenar 1.5 veces el estadio Azteca. Ese material fue depositado en un barranco bautizado como El Hoyanco, ubicado a un costado del cerro El Tapatío, en Tlaquepaque. Se prometió realizar un parque en esa zona que todavía no ha sido construido.

 

Edificios históricos

Los daños que han sufrido los edificios históricos por la construcción de la Línea 3 también han tenido un costo al erario que no estaba contemplado en el proyecto original. Hasta el mes de septiembre de 2018 se habían firmado seis contratos por un monto global de 20 millones y medio de pesos.

 

Antes que la Catedral Metropolitana fuera el templo cuyas torres se convirtieron en la referencia religiosa de Guadalajara, el templo de San Francisco de Asís ya estaba ahí, en la avenida 16 de septiembre. Con su estilo barroco, con un hermano siamés llamado el templo de Aranzazú, y ambos mejor conocidos por los tapatíos como la zona de “Los dos templos”; el de San Francisco es un edificio con 400 años de historia.

 

Soportó toda clase de inclemencias y desastres naturales: un terremoto en el siglo XVII le cambió la fachada y el campanario. El saqueo y la secularización de la guerra de Reforma del siglo XIX obligaron a la Iglesia a ceder terrenos al Estado y poner en venta la mayoría de sus inmuebles (fue un convento hasta 1860). Y hasta un incendio fue reportado en 1936. Estas son apenas algunas historias que habitan entre sus muros.

 

Pero desde el verano de 2016, cuando comenzó a operar la tuneladora, este templo, que cuenta con protección del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha comenzado una nueva faceta: ser un ornato. Ya no se ofician ceremonias religiosas ni se permite el ingreso a los paseantes. En su sacristía, una mujer apenas atiende para confirmar que no hay servicios religiosos desde 2017.

 

De acuerdo con el ex supervisor de la obra, Trillo Padilla, un descuido técnico en los trabajos de la tuneladora ocasionó un nivel de vibraciones excesivo que afectaron al histórico templo de San Francisco. Tanto así que la zona de los arcos y la torre del campanario sufrieron daños irreversibles que podrían ser penalizados por el INAH.

 

Otro caso es el Museo de Periodismo. A mediados de diciembre de 2016 fue cerrado al público. La también llamada Casa de los Perros, ubicada en el 225 de la avenida Alcalde, cuenta con una fachada de 1896 y es un lugar histórico para el continente, porque aquí nació El Despertador Americano, el primer periódico independiente de América.

 

Ese invierno de 2016, el museo fue cerrado al presentar grietas y fisuras, provocadas por la vibración que generó la tuneladora de la Línea 3. Meses atrás, el consorcio constructor del túnel había colocado una barrera de pilotes para resguardar el edificio, pero conforme caminaba la tuneladora, ya presentaba dos milímetros de inclinación. Se aumentó la profundidad de los pilotes, pero la inclinación aumentó a 2.5 milímetros.

 

El edificio ya fue restaurado pero sigue cerrado al público. Además, justo frente al edificio aparecieron dos socavones. La primera vez fue el 6 de mayo de 2019 , cuando una retroexcavadora que trabajaba en el sitio se hundió en un hoyo de 5 metros de profundidad.

Evidencia de fallas. En 2019 han aparecido dos profundos socavones en avenida Alcalde frente al Museo del Periodismo a consecuencia de construcción del túnel de Línea 3.

El 23 de julio, el enorme agujero apareció de nuevo. Ahora con un diámetro de unos cuatro metros y unos ocho de profundidad. Las corrientes de agua en el subsuelo, en esa zona de la ciudad, no han podido controlarse.

Fuga inesperada. Durante la construcción de Línea 3 ocurrieron accidentes e imprevistos y se registró la muerte de tres trabajadores. Este video consigna una gran fuga de agua en el túnel en agosto de 2019. Video: ex empleado de la obra.

Estos son apenas dos de los monumentos históricos que han recibido atención. El tercero es la Catedral Metropolitana, que ha presentado grietas en sus capillas. Sin embargo, el Arzobispado de Guadalajara no ha fijado una postura clara sobre el futuro de los inmuebles que administra.

 

De acuerdo con los planes parciales de desarrollo municipal, las viviendas y edificios del primer cuadro de la ciudad son consideradas con valor patrimonial porque su construcción es anterior al año 1900. Sólo estos edificios de los que hablamos, San Francisco, Museo del Periodismo y Catedral Metropolitana, fueron contemplados para ser reforzados o restaurados.

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