Ocotlán, Jalisco

Sabemos que la economía mexicana tiene una dependencia enorme de Estados Unidos: más del 80 por ciento de las exportaciones tienen como destino el país del norte, así como de dicho mercado dependen ingresos importantes como las remesas y el turismo. Hablamos de que básicamente todo lo que pase en la economía del vecino repercute directamente en el ámbito local. Cuando a la economía estadounidense le iba bien, la mexicana le seguía el ritmo y tenía bonanza. En tanto cuando las cosas van mal, ya sabemos lo que pasa: del otro lado es un estornudo y de este lado hay amenaza de pulmonía.

Pero lo curioso es que en este momento las economías apuntan a rumbos distintos: en los últimos dos años Estados Unidos ha pasado de un crecimiento de 1.9 por ciento en el primer trimestre de 2017 a 3.2 por ciento en el mismo periodo de 2019. En cambio, México tenía un crecimiento de 3.3 por ciento en 2017 y en los primeros tres meses de 2019 esto se redujo a 0.1 por ciento. Estos datos corresponde a las mediciones oficiales que hacen el Departamento de Comercio de Estados Unidos y el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) de México.

El motor de la economía estadounidense no está impulsando a México al mismo ritmo. Mientras que Estados Unidos, el país más consumista del mundo, ha mostrado un fuerte dinamismo interno, con una inversión pública importante y una reducción de impuestos – además de las medidas proteccionistas impulsadas por el gobierno de Donald Trump-, en México el mercado interno sigue en un periodo de incertidumbre: tanto el consumo, como las inversiones, como la generación de empleo son moderados y están a la expectativa de lo que pase.

En este contexto de dependencia, la renegociación del Tratado de Libre Comercio, la imposición de aranceles y las restricciones comerciales a China que impuso Estados Unidos, así como la tensión por la guerra comercial hicieron que se extienda el periodo de incertidumbre en la economía mexicana. Del otro lado hay fortaleza en el mercado interno, en tanto de este lado el mercado interno es más frágil y vulnerable.

El riesgo de depender de un sólo socio comercial siempre está en que cualquier inconveniente repercute directamente en casa. Pero ahora, además de dicho riesgo, tenemos la novedad de que los vecinos crecen y nosotros no. Ellos tienen pronóstico de crecimiento y nosotros estamos en el debate sobre si hay o no recesión.

Para enfrentar esta situación, México necesita atender dos urgencias: aumentar su inversión pública e incentivar la inversión privada para dinamizar el mercado interno, por un lado, y acelerar el proceso de ruptura de la dependencia: buscar nuevos mercados de exportación, diversificar la lista de productos para exportar y establecer relaciones comerciales más sólidas con los países asiáticos, europeos y latinoamericanos.

Pero no sólo hay dependencia de Estados Unidos, sino del petróleo (que más temprano que tarde se acabará), de las exportaciones de vehículos e incluso de las remesas. Reinventar la economía y tener más opciones es una tarea que ya no se puede seguir postergando.

Por Héctor Claudio Farina