Ocotlán, Jalisco

Una constante en la actualidad mexicana es la discusión sobre la validez y la pertinencia de los indicadores. Hace unos días, el presidente Andrés Manuel Lopez Obrador nuevamente salió al paso de los pronósticos de los organismos internacionales: como respuesta a las proyecciones de crecimiento cada vez menos favorables, el presidente dijo que no es lo mismo crecimiento que desarrollo, que hay más desarrollo ahora en México. Mientras los pronósticos coinciden en que la economía crecerá menos de uno por ciento este año, la respuesta del gobierno es que hay más dinero circulante en la pequeña economía, que las tiendas minoristas están vendiendo más.

En este contexto, estamos ante dos de los grandes retos de la economía mexicana: el crecimiento económico y la distribución de la riqueza. En el caso del crecimiento, estamos ante un problema endémico: se crece poco y la riqueza no sólo no tiene buena distribución, sino que difícilmente llega a la gente que más lo necesita. La concentración de la riqueza es tan fuerte que resulta habitual que aunque haya crecimiento, la mayoría de la gente no lo perciba. Un ejemplo sencillo: hace 10 años tuvimos una crisis y la economía cayó 6.5 por ciento; los ricos se recuperaron en menos de dos años, en tanto los pobres todavía no terminaron de hacerlo.

La desigualdad en los ingresos es tan grande que la riqueza que se genera tiende a concentrarse en pocas manos: las grandes corporaciones, las grandes exportadoras de vehículos, etc. Pero como los salarios son bajos, la informalidad alta y las oportunidades no son parejas, la famosa “derrama económica” no es equitativa y no llega a todos los sectores, salvo casos particulares como el turismo.

Por el lado del desarrollo, el gobierno refiere que pese a los indicadores externos de crecimiento poco favorables, hay un movimiento interno que muestra mejoría. En este caso, ciertamente hubo una recuperación del consumo en el mes de abril con un repunte de 1.4 por ciento en comparación con el mismo mes del año anterior. También hay que reconocer el paulatino aumento de los salarios mínimos, así como que los precios han estado relativamente controlados y no han subido tanto. Pero es muy difícil sostener el desarrollo en un momento en el que las inversiones están a la expectativa, la economía se está frenando y la generación de empleos es insuficiente.

Evidentemente hace falta distribuir mejor la riqueza pero para eso hay que crecer. La riqueza que ya está concentrada será muy difícil de desconcentrar para que llegue a la gente. La manera en la que se distribuye es por medio de la inversión y los empleos, por la obra pública y los emprendimientos. Todo esto acompañado de una inversión social en educación y salud para que la gente tenga la preparación suficiente y las condiciones para acceder a mejores puestos de trabajo y generar sus propias oportunidades.

Tanto recuperar el crecimiento como impulsar el desarrollo desde dentro, lo que implica distribuir la riqueza para disminuir la desigualdad y la pobreza, son sumamente importantes para México. No basta con sólo algunos indicadores sino que los beneficios deben alcanzar a los sectores más necesitados y, sobre todo, se debe recuperar el dinamismo propio para crecer y distribuir.

Por Héctor Claudio Farina