Menores trabajando en semáforos

Por Aarón Navarro Aguirre

El Día Mundial contra el trabajo Infantil existe para entender algo fundamental: los niños deberían estar ocupados en sus sueños y no en el trabajo. A pesar de que esta fecha tiene como propósito dar cuenta que este es un problema latente, todavía se estima que a nivel mundial hay unos 158 millones de niños en situación de trabajo infantil. Las estadísticas muestran que los niños se emplean en la agricultura y ganadería, principalmente, aunque en un contexto urbano es común verlos de limpiaparabrisas, o vendiendo cosas en los semáforos.

Esto es lo que comparte la población de Lagos de Moreno acerca de los lugares donde ha visto a niños realizando trabajo infantil:

“Muy seguido en los semáforos o lavando carros”.

“En empresas o industrias no, pero sí se ven en la calle todavía limpiando vidrios”.

“Vendiendo dulces, limpiando parabrisas, o esas cosas.”

La Organización Internacional del Trabajo se ha propuesto una serie de acciones para eliminar el trabajo infantil en todas sus formas para el 2025. Aunque lograr eso a nivel mundial se vuelve más difícil en los países en que la economía no favorece de manera equitativa a todos los sectores de la población, como el caso de nuestro país.

Algunas personas expresan cómo se sienten o qué es lo que piensan cuando observan a niños trabajar en estas condiciones:

“Cuando los obligan es un problema por su crecimiento. O sea, no sé si sea su moralidad o ética de que crezcan con responsabilidad, sino nada más queriendo sobrevivir de lo que piden, ése es un problema. Pero es favorable cuando trabajan y se hacen responsables y utilizan el dinero para cosas buenas, no para cosas malas”.

“¿Qué hay detrás de su familia?, una historia”.

“Te hace pensar muchas cosas porque hay mucha gente explotadora. Yo creo que hay gente atrás de ellas explotando a esos niños. A veces a uno le da lástima y les tiene que dar, pero yo soy de parte de que no les deberíamos de dar. Hay que darles de comer, hay que ayudarles de otra forma”.

“Que los padres son muy irresponsables y que mandan a trabajar a los niños para que les lleven dinero a los papás”.

En el municipio existe un caso particular de un niño que vende chicles en la zona centro. Su nombre es Armando Ramos González, quien estudia y trabaja:

“Por ejemplo yo, vendo chicles. Estudio y trabajo, ese es mi trabajo. Me levanto como a las siete, siete o siete veinte, mientras me meto a bañar, arreglo, hago todo lo que tengo que hacer. Vendo chicles de aquí a las doce, a las doce me voy a la escuela y de la escuela ya me quedo en mi casita”

Aunque podríamos decir que su labor y ganas son admirables, es necesario señalar que se trata de un caso de trabajo infantil.

A pesar de que el número de infantes que laboran en la calle, concuerdan varias personas, ha ido disminuyendo, todavía es común ver a niños realizando distintas labores poco remuneradas y en condiciones indeseables para alguien que debe disfrutar de su infancia.

En 2015, los dirigentes mundiales adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que incluían un renovado compromiso para acabar con el trabajo infantil. En particular, la Meta 8.7, hace un llamamiento a la comunidad internacional para “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de seres humanos, y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, para 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.