Vecinos de El Lindero colocaron letrero para evitar vertedero de desechos

Por Gabriela León

Vivir en El Lindero supone pisar el suelo en constante dificultad para realizar actividades cotidianas como asistir a la escuela, pues para ello se tiene que elegir entre cruzar un terreno irregular a orilla de carretera, donde se han arrojado cadáveres humanos y animales a diestra y siniestra, y donde no hay ninguna medida de precaución, o tomar un camión que a veces pasa casi cada dos horas.

Mary, quien es ama de casa y todos los días recuerda a su hija de diez años los riesgos que supone caminar hacia la escuela, nos comparte lo siguiente:

“Yo por aquí paso diario a la escuela, cuando es tiempo de calor huele bien feísimo. Ya tengo muchos años caminando por aquí, ya tenemos miedo, por tanta cosa que ha sucedido, aunque por aquí también peligras eda’. Nunca se te vaya a hacer fácil arrimarte a ese pozo, que antes sí tenía su bordo para que no se acercaran, pero ahorita ya de tiro lo dejaron bien descubierto, un niño o una persona que camine por aquí en tiempo de lluvias y que se resbalé. Y suena mal pero lo van a rellenar de muertos, vienen a tirar aquí en El Lindero a las personas que matan”.

Aunque Mary responde que mudarse sí ha pasado por su mente, aquí tiene su patrimonio. Igual que sus hijos, quienes nacieron y aún crecen en la tierra que poco a poco ha sido modificada sin ninguna regulación y que ahora está suelta y tapa los canales y únicos desagües de El Lindero. Lo que pareciera que traería progreso, hoy sólo preocupa a los vecinos, así lo reafirma Catalina, quien regresó a la colonia para vivir con su padre y porque le gusta, a pesar de no contar con drenaje.

“Todavía a mí el agua no se me hacía tan preocupante, porque llovía y se inundaba, pero ahora por lo del gas sí se me hace preocupante. Aquí estaba el terreno parejo, nada más que aquí se hacía el material y se quedaron los charcos y hoyos, pero corría toda el agua por la calle y se iba por sobre los barbechos que había, pero ya después como sacaron la tierra, ya caía en los hoyos”.

Hace años esos terrenos eran de tierra fértil, llenos de sembradíos y con un estanque fructífero de árboles de membrillo, pero hoy sólo es tierra suelta, basura, escombro y lo que parecieran arbustos pequeños que sueltan algunas frutas.

Mary bromea sobre comprarse una lancha para el próximo temporal, pero resiste. Isidra, que siempre vigila ya sea porque su casa se encuentra al pie del Libramiento Norte o porque le preocupa, optó por poner un letrero del otro lado de la carretera, donde personas particulares y el Ayuntamiento arrojan escombro y basura que se deslava paulatinamente hacia el canal mencionado, pero ella también resiste.

Pero El Lindero y los otros nueve barrios que pertenecen al pueblo de San Juan Bautista de La Laguna enfrentan otra situación: la notable división entre su gente desde que se reanudaron los trabajos de la empresa Gas Natural del Noroeste por la instalación de un gasoducto:

“Son tres problemas los que tenemos aquí: ahorita con lo del gas, luego que no tenemos drenaje y ahora que nos vamos a inundar porque están tapando la salida del agua. Yo crecí con esa unión y antes era más bonito, porque lo invitaban a las peregrinaciones o tan sólo a la casa del vecino, y todos convivíamos más y ahora todos nos estamos dividiendo, yo creo que es por el dinero, porque les ofrecen más dinero”, concluye la señora Catalina.