Una voz bulliciosa: Agustín Rivera, orador católico




Por Luz Atilano

El 29 de febrero de 1824 nació Agustín Rivera, y aunque no se trate en esta ocasión de un año bisiesto, para no dejar pasar la fecha la dirección de Cultura de Lagos de Moreno decidió conmemorar su 194 aniversario con una conferencia a cargo del Dr. David Carbajal López, docente e investigador del Centro Universitario de los Lagos, quien estudia desde hace algunos años a este sacerdote, historiador, polígrafo y escritor laguense.

Frente a un público diverso, el doctor introdujo su exposición con una breve explicación de los estudios historiográficos en los que ha enfocado sus investigaciones, interesadas principalmente en la historia religiosa y en el proceso de secularización. Marco en el que, mencionó, también ha abordado a Rivera; es decir, como un hombre que escribía, participaba en debates de su época y discutía con e incluso contra los discursos católicos, y como un conciliador de lo religioso con lo político:

«Siempre se presentó, o al menos de manera muy constante, como un hombre que conciliaba justo lo religioso y lo político. Del lado de lo religioso, al catolicismo y del lado de lo político al liberalismo. Cosa que lo hace original en un momento en que ambas tendencias justo trataban de separarse. En particular, desde el lado católico, él es contemporáneo de un momento en el que la autoridad eclesiástica suele decir, por parafrasear el título de lo que fue un best seller en la época “El liberalismo es pecado”».

Es mucho lo que se puede decir de este prolífico personaje y ello, dijo Carbajal López, en gran medida porque es muy amplia su obra, pues se tienen identificados 158 textos de él, 115 de los cuales fueron escritos de 1884 en adelante. Un particular interés del doctor es su oratoria, un ámbito no del todo tomado en cuenta pero que practicó con asiduidad en sus sermones y además, un tema sobre el que él mismo reflexionó en vida.

«Insistía en que la oratoria para lo que tenía que servir era para producir una auténtica reflexión personal. Era la oratoria un instrumento para que la gente se quitara los prejuicios, los defectos de su genio natural para que pudiera rectificarse y enmendarse. […] En realidad, a Rivera ya no le tocó la oratoria de la época colonial; lo que le tocó fue, en primer lugar por el lado de lo religioso, un cambio importante: cierto, el sermón clásico sigue existiendo, el típico sermón de fiesta de santo patrono o de una iglesia… pero además empiezan a aparecer nuevos tipos de sermones: las pláticas en el marco de las primeras comunicones de los niños, […] pero además, del lado civil empieza a surgir una oratoria laica, cívica… la oratoria de conmemoraciones de fechas de calendarios patrióticos, de inauguración de teatros y otros recintos públicos… de monumentos nacionales, etcétera. Y pues don Agustín Rivera tanto siguió haciendo sermones tradicionales, como se introdujo bastante en esta forma de dar discursos, los discursos cívicos», compartió.

Así, el doctor David Carbajal compartió mediante algunas gráficas los temas sobre los que más habló Rivera: los héroes de la patria y desde luego, la religión; pero como hombre de la secularización, nunca juntos, pues entendía bien que debía hablar de una cosa en la esfera política y de otra en la religiosa: citaba sermones en los discursos, pero no discursos en los sermones.

Además, su oratoria fuera laica o religiosa, trasmitía mensajes acordes a la religión católica. En definitiva, era un orador católico, con la singularidad de integrar la modernidad política a un discurso basado en la providencia. Pero siento en ese sentido, como lo afirmó el ponente, más que un liberal católico, un teólogo del liberalismo.

Y aun más, una voz bulliciosa, pues a pesar de que en la actualidad pudiera sonar como un discurso bastante conservador, en su época era un discurso que escandalizaba, por intentar introducir al liberalismo en la teología católica.