Portada de La iglesia católica en México

Por Luz Atilano

Entre los últimos libros publicados por la editorial del Centro Universitario de los Lagos, se encuentra uno que, producto de convivencias y colaboraciones anteriores, recoge el trabajo de historiadores e investigadores adscritos al Cuerpo Académico Cultura y Sociedad de este centro y al de Historia de las Instituciones y los Movimientos Sociales en América, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Episodios de una larga transformación

En él, titulado La Iglesia católica en México: episodios de una larga transformación, Siglos XVIII y XIX, se ofrece un recorrido por sucesos históricos en cinco estados de la República (Puebla, Veracruz, México, Jalisco y Michoacán), que influyeron los procesos de cambio en la organización de las instituciones eclesiásticas, como lo señala en la introducción Cecilia Adriana Bautista García, coordinadora del compendio.

El doctor David Carbajal López, profesor e investigador del CULagos, especialista en Historia del Catolicismo entre la Nueva España y México, participa en esta edición con el texto “Un ‘bienechor insigne’ entre la reforma católica y la utilidad  pública: José Ana Gómez Portugal, 1789-1814”, donde aborda las principales iniciativas religiosas de dicho personaje en la entonces Villa de Santa María de los Lagos:

«Para mí la vida de don José Ana Gómez Portugal es una manera de explorar qué referentes podía tener en este caso un clérigo de finales del siglo XVII y principios del XIX, para comprarse. […] Don José Ana finalmente es un clérigo a quien le interesa concretamente una devoción, es el que trae a San Hemión, el corpo santo de Hemión Mártir, es quien trae también un calendario de reliquias de los santos; y es asimismo quien tuvo la iniciativa de fundar un oratorio de San Felipe Neri aquí en Lagos, en lo que era la capilla de El Rosario, que no llegó a concretarse. Y también fue durante mucho tiempo mayordomo de una de las cofradías de Lagos».

Dr. David Carbajal López, profesor e investigador del CULagos

Así, el historiador comparte que entre las líneas de su ensayo se percibe a José Ana Gómez Portugal no como normalmente tiende a ver la historiografía del periodo señalado; es decir, no como un autor marcado por la ilustración y la modernidad, sino como un bienhechor insigne en el sentido más tradicional del término, si bien algunas de sus acciones no sean en la actualidad consideradas como de utilidad pública.

Ejemplos similares que retratan la transformación de la Iglesia católica en México componen el resto de esta publicación académica del CULagos; pensada, como lo señala Carbajal López, principalmente para un público especializado, aunque también accesible para un público interesado:

«He de decir que sí es un texto pensado para especialistas, ante todo. Pero una de las ventajas de la historiografía es que es una ciencia que no tiene un vocabulario radicalmente especializado; realmente la historiografía es ese trabajo de traducción, contarle a la gente del siglo XX qué cosa tenían en la cabeza y por cómo hablaban gentes de hace doscientos o trescientos años. Y por ello mismo, cualquier lector interesado creo que puede entender los artículos; evidentemente el límite está en el hecho de que se trata de un libro construido pensando justo en inquietudes estrictamente historiográficas y no tanto de divulgación».

En este libro conjunto también se pueden encontrar los trabajos de investigación de María Isabel Marín Tello (“El Dr. José Pérez Calama a través de sus escritos autobiográficos, 1776-1790”); de María Guadalupe Cedeño Peguero (“Iglesia y educación, instituciones eclesiástico-educativas femeninas, Valladolid de Michoacán en el siglo XVIII); del doctor Eduardo Camacho Mercado, también profesor e investigador del CULagos (“Familias clericales en el Cabildo Eclesiástico de Guadalajara en el siglo XIX”);  de Francisco F. Rosas Salas (“Francisco Suárez Peredo: unidad católica y nuevo catolicismo en Veracruz, 1863-1869”); y de Cecilia A. Bautista García (“El arzobispado de Michoacán durante la gestión de José Ignacio Árciga, 1868-1869”).

 

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