Vista de Río Lagos desde puente de El Refugio

Por Luz Atilano

El Río Lagos no es lo que fue. El paso del tiempo ha cargado su peso sobre él y debido a diversos factores no se le ven ya abundantes corrientes, ni aguas cristalinas, como las que sí pudieron ver las generaciones de nuestros padres y abuelos, quienes con algo de tristeza pudieron presenciar los enormes cambios de su cauce, la contaminación que lo invadió y hasta la ocurrencia municipal de darle otros y muy distintos usos en la actualidad.

A su río debe su existencia Lagos

A decir de la historia, poco queda de aquella corriente natural de agua nacida en la sierra alta en los límites con Ocampo Guanajuato y afluente del Río Verde por la que, además de otros importantes cuerpos de agua en la región, los españoles colonizadores decidieron fundar aquí la Villa de Santa María de los Lagos, como lo comparte la doctora Irma Guerra Márquez, cronista colegiada e investigadora del Centro Universitario de los Lagos:

«El Río es la razón de existencia de la Villa de Santa María de los Lagos. Los españoles construyeron, eligieron este sitio así porque se consideraba como el mejor del valle, por el río… el centro de la Villa se estableció a unos metros del río. Las ciudades europeas así se construyeron».

Transfiguración por causa humana

Sin embargo, esa corriente caudalosa que los colonizadores observaron y por la que decidieron asentarse en esta zona, se vio transfigurada por distintas razones; entre ellas la presencia de industrias, la construcción de presas y su conexión con drenajes:

«Pero pues este paisaje ha cambiado drásticamente pues hace muy pocos años se construyeron grandes presas: con la presa del Cuarenta a mediados del siglo XX y a finales del siglo XX La Sauceda. Entonces, captan toda la corriente de estos ríos y bueno, las construyeron con la idea irrigar algunas zonas de cultivo, pero pues ya ahora podemos darnos cuenta que la construcción de presas daña drásticamente el entorno natural. […] El lecho del rio está severamente contaminado por desechos fecales e industriales y ha sido tremendo el daño que se le ha hecho a este río».

Irma Guerra Márquez, cronista colegiada e investigadora del CULagos

Memorias que no volverán

Situaciones que poco a poco fueron terminando costumbres de los laguenses: como la pesca, lavar en su lecho o incluso los fines recreativos como paseos, días de campo o el simple hecho de caminar a las orillas con los pies descalzos, que todavía algunos adultos disfrutaron y cuentan con algo de nostalgia. Es así como la señora Bertha López Hermosillo, cuya infancia y adolescencia transcurrió en el conocido barrio de Santa Elena (al otro lado del río), comparte algunas de sus memorias:

«Yo tengo muy bonitos recuerdos pues de acompañar a mi mamá cuando iba a lavar al río, mientras ella lavaba nosotros nos bañábamos, le ayudábamos a tender la ropa en la arenita, una arena muy limpia. […] Era bellísimo ver cuando se crecía el río y que se quedaba más limpio, la arena más… pues un grosor de arena muy bonito que la gente tendía su ropa ahí, mientras lavaba una parte, otra ya se estaba secando. […] Había una sola tienda y teníamos que cruzar el río para ir… cuando estaba (crecido) que bajaba el agua que venía del arroyo de La Sauceda, era cuando se ponía  fuertísima la corriente; cuando estaba bajando pura agua que soltaban de la presa de Cuarenta, pues era un corriente de gua tranquila que hasta caminando uno por el puente podía pasar, si no era muy profundo, no muy grueso. entonces, pasábamos, pero ya cuando subía el caudal y así, pues entonces si no teníamos lo que necesitábamos nos teníamos que esperar hasta que se pudiera pasar».

Ahora, la vista de este río que no obstante continúa siendo un elemento identitario de los laguenses, puede sólo disfrutarse durante el temporal de lluvias, cuando es frecuentado para observar cómo corren por él las aguas pluviales y aquellas que llegan cuando las presas desbordan.

En suma, siendo el Río Lagos la razón de ser de nuestra ciudad, agrega la doctora Guerra Márquez, ahora nos toca a nosotros como población preservarlo y proponer y exigir verdaderas acciones de intervención. Retribuirle a este elemento natural al que debemos nuestro asentamiento el habernos abastecido no sólo del recurso líquido sino además de los cultivos que propició para beneficio del pueblo.

E, incluso, el habernos dotado de historias, literatura, leyendas y anécdotas, como aquella famosa conseja del Alcalde de Lagos, don Diego Romero, referente a la construcción del Puente Grande que, según reza, fue posible con dinero prestado y debió especificarse que, efectivamente, “este puente se hizo en Lagos y se pasa por arriba”.

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