Archivo.
Ocotlán, Jalisco. 

El gremio de Industrias de Ocotlán invertirá 107 mil pesos aproximadamente para las festividades del Señor de la Misericordia. El tesorero de la agrupación, Juan Manuel Caudillo, mencionó que la inversión más fuerte será la renta del castillo así como la pólvora  y las flores que decorarán la parroquia:

“El monto más pesado yo digo que es el de la pólvora, castillo y todo eso, como lo de la flores también va estar muy bonita, primeramente Dios va a estar bien arreglado el templo y nos va a costar como 11 mil 500 pesos el castillo de 30 a 32 mil pesos, ya lo demás es la música los distintivos”.

Por otra parte, el representante de Industrias de Ocotlán, Jorge Vázquez Guzmán, comentó que le da un apoyo económico a la parroquia del Señor de la Misericordia de siete mil pesos por permitirles participar, así como por hacer uso de los servicios:

“La aportación que se le da al templo va hacer de siete mil pesos pero a nosotros no se nos hace caro porque si se gasta luz, mantenimiento del templo y para sí es justo que le ayudemos al señor cura porque si es mucho trabajo lo que se tiene”.

La maestra Juanita volverá a participar en conjunto de su equipo de trabajo, en la compostura del carro alegórico de Industrias de Ocotlán, señaló Vázquez Guzmán:

“La maestra Juanita es la que nos hace la compostura, ella es la que se encarga de llevar a su gente, las personas que sean necesarias y ya nosotros les damos una aportación, una gratificación por haber salido, habernos ayudado”.

Desde el mes de junio el gremio ha trabajado en la  recaudación del dinero, ya no cuentan con el apoyo de la ciudadanía, sin embargo, con lo que se está vendiendo de la planta están obteniendo ingresos para sobrellevar los gastos. Además de que la empresa TRADO de El Salto, Jalisco, siempre les ha apoyado, este 2017 donó veinte mil pesos.  

Industrias de Ocotlán ha participado dentro de los gremios del Señor de la Misericordia desde 1970. Actualmente esta empresa ya no funge como tal debido a que está en liquidación.

Por María Ramírez Blanco. 

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